América enfila bicampeonato de Concachampions

Darío Benedetto y Osvaldo Martínez dieron la ventaja 0-2 en la Final de la Liga de Campeones de Concacaf sobre Tigres; la vuelta se jugará el 27 de abril en el Azteca

Monterrey

América venció dos a cero a los Tigres UANL en la ida de la Final de la Liga de Campeones de la Concacaf, resultado que los acerca a su segundo cetro en fila del área, que le daría el boleto al Mundial de Clubes en diciembre próximo. 

Darío Benedetto, al 49', en jugada de fantasía con Osvaldo Martínez y Oribe Peralta, marcó de cabeza, donde el propio 'Osvaldito' cerró, al 92', el 0-2 sobre los hombres de Ricardo 'Tuca' Ferretti, quienes viajarán al Azteca (miércoles 27 de abril) para definir al campeón.

Durante el duelo, el árbitro Roberto García Orozco invalidó un gol de Oribe, polémica acción que no consideró la regla 11 de juego.

LA CRÓNICA

América mostró su oficio, ese que lo ha llevado a ser el equipo que más títulos ha levantado en el futbol mexicano y a ser uno de los dos más ganadores de la Concacaf. Sabe cómo jugar finales. Las Águilas se metieron al Volcán, un estadio que tiene una magia especial con su equipo, pero la cuadrilla de Ambriz no se intimidó, mantuvo los nervios y la templanza a nivel defensivo, con eso y unos minutos de inspiración para que Darío Benedetto marcara el gol que les permitió llevarse un triunfo que los pone muy cerca de un nuevo título.

Desde el arranque, las Águilas siempre tuvieron claro el partido que debía hacer, salió a plantear un juego en 50 metros, a cuidar su zona baja y contener a Tigres que iba a salir decidido a buscar abrir el marcador. Las Águilas sabían que su negocio era llegar con el menor daño posible al juego de vuelta, así que el cuadro azulcrema tuvo que vivir sin balón la mayor parte del tiempo, con su línea defensiva y la de mediocampistas muy juntas, cerrando espacios y multiplicando esfuerzos para destruir.

Mientras, Tigres arrancó como se preveía, con fiereza a la búsqueda de Hugo González, tomó el balón el equipo de Ferretti y lo movía de una a otra banda, buscando el resquicio en la zaga americanista. Aquino, Damm, Gignac, Sobis... la batería felina que buscaba, pero siempre se encontró con una figura americanista que impedía el daño sobre su portería.

Las revoluciones de los locales estaban a tope, eran los minutos en los que Tigres buscaba apoyarse en la atmósfera para hacerse sentir con peligro, América no se arrugaba, había decidido apostar al juego defensivo, no pasaba por su cabeza meterse al intercambio de golpes, porque asumía que saldría muy dañado.

Tigres se asociaba, le daba sentido al balón, sus jugadores siempre se encontraban, el problema venía en el último tercio, cuando la muralla americanista se fajaba en cada balón, aunado a que los americanistas el balón les duraba poco en las piernas, sus posesiones eran extremadamente cortas, no se encontraban para asociarse, la pelota les escocía, pero se mantenían serenos, porque cuando el cuero rebasaba el medio campo respiraban porque lo veían lejos de su cuerpo, eran instantes de sosiego para esperar la nueva arremetida de los felinos.

Ante la falta de un hueco, Tigres chutó de media distancia, Gignac y Juninho probaron su suerte, pero tampoco tuvieron fortuna, el tiro del francés acabó en las manos de Hugo y el del capitán universitario se fue por encima del larguero. La jugada de América llegó en un suspiro de inspiración, una pelota que Sambueza filtró para Benedetto, el Pipa levantó la bola, pero lo hizo muy forzado y se fue muy alta.

Casi explota el Volcán cuando Israel Jiménez encontró una fractura en el muro visitante, el defensa se agregó al frente, avanzó con la pelota hacia el centro, y filtró una pelota para Javier Aquino, ningún jugador de las Águilas estaba cerca, el volante de Tigres llegó franco, pero su disparo lo mandó por encima del travesaño. Se lamentaba todo el estadio y respiraba hondo América.

Fueron minutos en los que de nuevo Tigres pareció animarse otra vez, como si la pila se le hubiera recargado. Dos intentos más de Gignac, pero el mismo resultado: pelota que se ahogaba en la banda o en las manos de Hugo. Lo había intentado de varios modos el cuadro de Tuca sin encontrar el premio.

Los planes de América cuadraban, su cabaña seguía sin sufrir daño, daba lo mismo que arriba Peralta y Benedetto naufragaran, los delanteros carecieron de parque, porque Sambueza, Andrade y Osvaldo apenas habían palpado el balón. Cuando el descanso llegó, América seguía pensando en el juego de vuelta, que este marcador era ideal. A Tigres le quedaba medio tiempo para sacar una renta que les diera vida en el Azteca.

Pero el escenario dio un vuelco que pocos imaginaban. América salió del fondo unos minutos, pero eso fue suficiente para pegar de forma letal. Rubens Sambueza armó la jugada, tocó para Oribe que la dio de taco para Osvaldo y éste la levantó a segundo palo donde llegó a cerrar Benedetto y empujó la bola con la cabeza. Todo lo que no tuvo América en 45 minutos lo había consumado en un fugaz instante.

El plan perfecto para América que iba a mantener el orden defensivo, a la espera de cazar a Tigres en un contragolpe. Estuvo cerca de hacerlo en un desprendimiento en el que los felinos quedaron mala parados, la bola llegó a medio campo, salió Nahuel y Oribe le ganó la bola, Andrade tiró y puso el segundo, pero el abanderado (Alberto Morín) lo anuló por fuera de lugar del Rifle, cuando el colombiano arrancó en campo propio. Un grave error de la terna arbitral.

Tuca mandó a Damián para ver si el Enano lograba agitar a su equipo. Le empezaba a ganar la ansiedad a los universitarios y América se apegaba a su guion inicial, con los nervios a tope y la máxima atención para conservar la ventaja. Llegó el duelo estratégico, Tuca mandó a Mancilla, más fuego para el ataque. Respondió Ambriz con el ingreso de Erik Pimentel, más fuerza defensiva.

Lo siguió buscando de todas las formas posibles Tigres, pero le ganó ansiedad y le faltó serenidad. Se impuso el orden de América que no perdió la compostura y encontró la jugada que esperaba, con Tigres lanzado al frente, Rubens Sambueza montó un contragolpe, tocó para Osvaldo y éste sacó un derechazo que venció a Nahuel. Enmudeció el Volcán. Así son las finales, lo que vale es ganarlas del modo que sea, y América se puso en ventaja haciendo de la defensa un arte.