El Nadal más frágil en la lupa

Todos coinciden en la vulnerabilidad del español. Las mismas voces, no obstante, recuerdan que Nadal siempre se transforma cuando juega en arcilla a cinco sets.

Rafael Nadal
Rafael Nadal (Reuters )

PARIS, Francia

En su mente hay dudas. Y cuando duda, su derecha deja de hacer daño, su raqueta y sus piernas no alcanzan esas pelotas inverosímiles y sus rivales no le temen. Llega su cita preferida, Roland Garros, pero Rafael Nadal es, según cuatro hombres que lo siguieron de cerca durante su carrera, más vulnerable que nunca.

¿Por qué duda? ¿Qué pasa por su mente? ¿Se recuperará en Roland Garros? ¿Podrá tumbar a Novak Djokovic? Las respuestas no son sencillas, pero los autores de tres libros de reciente publicación sobre el tenista español intentan encontrar algunas de las claves.

"Es un Nadal asombroso porque nunca lo vimos así en polvo, un Nadal que duda, un Nadal al que le falla la derecha, un Nadal que tampoco encuentra su revés, un Nadal que no se mueve bien y un Nadal al que la pelota lo sorprende. Un Nadal rígido, tenso, preocupado", analiza el argentino Sebastián Fest, autor de "Sin Red", un viaje por la rivalidad entre el tenista español y Roger Federer.

"Ya no asusta tanto como antes. Hay inseguridad por su parte y un mayor atrevimiento por parte de los rivales, que ya no ven a ese jugador invulnerable y terrible", opina el español Javier Martínez, que publicó "RafaelNadal, retrato de un mito".

"Ahora ya no es el Rafa Nadal intocable, es más humano, más mortal", añade Ángel García, que escribió junto a Javier Méndez "De Rafael a Nadal". "Hemos visto por primera vez lagunas en su confianza, algo que no se había visto hasta ahora", dice Méndez.

Todos coinciden en la vulnerabilidad del español. Las mismas voces, no obstante, recuerdan que Nadal siempre se transforma cuando juega en arcilla a cinco sets. Y los datos avalan esa tesis: el zurdo ganó nueve Roland Garros y sólo perdió un partido en su carrera en polvo al mejor de cinco. En París tiene un récord de 66 victorias y una derrota, a lo que hay que sumar otros 16 triunfos en Copa Davis y cuatro finales de Masters Series ganadas en esas circunstancias. El dato total estremece a cualquiera: 86 victorias y una derrota.

Nadal, de 28 años, llega al Abierto de Francia 2015 tras 12 meses en los que no ganó ningún torneo de alto nivel. Su único título llegó en Buenos Aires, donde no derrotó a ningún "top 50". A ello hay que añadirle varias derrotas inesperadas. Inesperadas por el rival con el que perdió, por la superficie donde sucumbió o por la combinación de ambas cosas.

El 6-4 y 7-6 (8-6) con el que cayó ante el italiano Fabio Fognini en los octavos de final de Barcelona ilustra a ese Nadal débil, que contrasta con el que arrasó durante prácticamente toda su carrera en la superficie naranja hasta ser considerado "el rey de la arcilla".

"Todo empieza por la cabeza, siempre creí que el mejor golpe de Nadal es la mentalidad. Y cuando esa mentalidad se resquebraja, el juego también sufre", apunta Fest, de 44 años y que cubrió la trayectoria del español desde sus inicios en el tenis profesional como periodista en la agencia dpa.

"Quiere pero no puede. Tiene que encontrar la llave entre el querer y el poder. Siempre pudo", opina el reportero argentino, ahora en el diario "La Nación".

Nadal siempre pudo, sí, pero siempre le funcionó la derecha, su mejor golpe, un tiro que obliga (u obligaba) a sus rivales a jugar varios metros por detrás de la línea de fondo. "Si no quiero ser un jugador vulgar, mi derecha no tiene que ser vulgar", dijo el tenista tras la derrota con Fognini en Barcelona.

"Si funciona esa derecha y consigue dominar los puntos, abrir a sus rivales y sacarlos de la pista, todo irá mucho mejor", dice García, que lleva persiguiendo a Nadal por el mundo desde 2009 con su transistor de radio en mano.

"La derecha paralela, con la que abre ángulos, es su termómetro. Si funciona, vemos al mejor Nadal. Hay momentos de la temporada en los que se han visto, como en Madrid, y se tradujo en una final", coincide Méndez.

Martínez, con 52 años el más veterano de los cuatro periodistas, siguió la evolución de Nadal desde que explotó en 2005. Y sabe que Nadal siempre va de menos a más en la capital francesa, a la que este año llega como sorprendente número 7 del mundo.

"Jugar ante Nadal en París, eso todavía se respeta. Sabes que vas a tener que jugar bien mucho tiempo y que vas a tener que ser regular durante mucho tiempo. Son partidos a cinco sets. Nadal tiene más tiempo para enmendar sus errores", cuenta el periodista del periódico "El Mundo".

Ganar a Nadal en tierra hace unos años convertía a ese tenista en portada. Poco a poco, los aficionados al tenis se fueron acostumbrando a ver al ex número uno hincar la rodilla en su superficie favorita. Y los ojos que le persiguieron por el globo ven dos razones: ya no intimida tanto y los rivales saben que pueden batir al campeón de 14 Grand Slam.

"Se atreven más, ya no asusta tanto como antes. Hay inseguridad por su parte y un mayor atrevimiento por parte de los otros", asegura Martínez.

Fest precisa: "Los jugadores que entraban a jugar un partido con Nadal en arcilla pensaban en general que estaban perdidos. Trataban de dar lo mejor y hacer un buen partido para no pasar un papelón. Hoy por hoy saben que tienen la oportunidad de lograr una victoria que da mucho prestigio".

Analizar el momento de Nadal es imposible sin mencionar el nombre de Djokovic, el gran dominador del circuito en los últimos meses. El serbio llega lanzado a París, donde busca completar el Grand Slam de su carrera, pues ya triunfó en Australia, Wimbledon y Estados Unidos.

"Si comete el error de sentirse tan favorito como le vemos todos, es un tenista con lagunas mentales", cuenta García, que trabaja actualmente en la radio Cadena Cope.

"Djokovic parece que llega sobrado", dice Martínez, que cree que esa condición de favorito con la que el número uno aterrizará en París puede liberar a Nadal en cierta forma. "De alguna manera se va a descargar la presión que ha tenido esta década".

Para Fest, en cambio, la presión es la misma o incluso mayor: "Tiene la presión de volver a ser él".

"Nadal, cuando tiene un reto enfrente, es más peligroso", recuerda Méndez, de 29 años y que escribe actualmente en la revista online "Tennistopic".

Y el reto de Nadal en el Abierto de Francia es mayúsculo: ganar su décimo Roland Garros, alcanzar los 15 títulos de Grand Slam, repetir los éxitos de años atrás para no seguir cayendo en el ranking y, lo más importante, recuperar la confianza.

"Conoce ese escenario mejor que nadie, donde se ha mostrado prácticamente invulnerable, pero este año estamos ante una situación distinta", expone Martínez.

Es distinta porque Nadal llega frágil y porque Djokovic lo hace como un huracán. El tenis ya vivió situaciones similares en temporadas anteriores, pero Nadal siempre se salió con la suya.

"A Djokovic le ganó cuando Djokovic venía con viento de popa, con mucha fuerza y jugando mejor en general en la temporada. Pero ahí, en París, se encontró con el 'rey de la arcilla'", advierte Fest. "La pregunta es siNadal sigue siendo el 'rey de la arcilla'. Por historia lo es, pero por presente está en duda".