Grigor I de Acapulco

El búlgaro Dimitrov se coronó en el Abierto Mexicano, convirtiéndose en el primero en la nueva superficie del certamen

Grigor Dimitrov, tenista
Grigor Dimitrov, tenista (Mexport)

ACAPULCO

El primer monarca de la nueva era del Abierto Mexicano se llama Grigor Dimitrov. El búlgaro venció en tres sets al sudafricano Kevin Anderson con parciales de 7-6 (1), 3-6 y 7-6 (5) para conseguir el segundo título de su carrera y proclamarse como el mejor sobre la nueva superficie azul del torneo de Acapulco.

El apellido Dimitrov se une ahora a una lista integrada en su mayoría por hispanoamericanos y marcará un antes y un después para este torneo que vive una etapa de renovación. A sus 22 años, el sembrado cuatro del certamen tuvo la mejor semana de su carrera impulsada por una victoria épica ante Andy Murray en las semifinales. Es Grigor quien sucede a Rafa Nadal en el trono del puerto. Un buen sacador con un gran revés a una mano para el cemento mexicano.

El inicio del duelo fue parejo, sin rastros de cansancio en ninguno de los dos. Ni en Dimitrov tras la batalla contra Andy Murray en semifinales, ni en Anderson a pesar de que disputó dos partidos el viernes, incluido el dobles. Ambos con sus armas solventaron los primeros juegos, el búlgaro con un revés entonado y el sudafricano con su saque superior a los 200 kilómetros por hora.

El game clave fue el noveno. Grigor le abrió la puerta a su rival y le concedió tres oportunidades de break, pero el cuarto sembrado salvó todas y sin respuesta enfrente se apuntó el 5-4, el momento del duelo se fue de su lado. En el siguiente juego, él búlgaro se lanzó al ataque para buscar el rompimiento que le diera el set, lo tuvo, pero un servicio de 213 kilómetros de su adversario lo impidió; lo volvió a tener, pero otro 213 apareció en el marcador para impedirlo.

Como ninguno pudo quebrar, hubo que llegar al tie-break, donde Dimitrov se lució y rápido se fue arriba 5-0, el saque de Anderson perdió potencia y su contrincante exhibió su repertorio, con dejaditas y el revés profundo. Cuando el sudafricano se enteró que el desempate ya había comenzado ya era demasiado tarde y lo había perdido 7-1.

Para el segundo, Kevin se cambió la playera intentando con ello también modificar su suerte. Era otra parte del duelo entre dos pistoleros, quien primero rompiera con el saque del otro se llevaría el capítulo. Quien lo consiguió fue el africano, apenas en el segundo game para marcar la pauta de los siguientes 42 minutos.

Ahora era Anderson el que movía a su rival de un lado al otro y quien había recuperado la confianza en el arma que lo llevo hasta ese partido, el saque. Ni volver a usar la camiseta verde le afectó, y aunque se complicó 15-30 sirviendo para el parcial, se lo llevó con un contundente 6-3.

De nuevo en la cancha central había que llegar a la última instancia para definir al ganador. El título estaba al alcance de cualquiera. En el tercer game, Kevin dio el primer golpe, con Dimitrov equivocándose con su saque, el sudafricano vio una puerta y la abrió, le rompió el servicio y se fue arriba 2-1.

El guión fue similar al del episodio anterior, con ambos conservando su saque y el sudafricano empleando una estrategia conservadora para que Dimitrov no impidiera su camino al éxito, pero Grigor tenía otros planes y rompió en el octavo juego para después conservar su servicio. Otra definición en tie-break y esta vez la fortuna cayó del lado del búlgaro con una pelota de Anderson que pegó en la red antes de salir. El búlgaro, primer monarca de esta nueva era.