México vs Nueva Zelanda: La síntesis de un 5-1

Un casi-autogol, dos pases de Miguel Layún y dos remates con la cabeza en tiros de esquina, más fácil que el estrés con que nos generaron las horas previas

México, cerca de Brasil 2014
México, cerca de Brasil 2014 (Mexsport)

Ciudad de México

En varios textos y columnas Johan Cruyff nos comparte su idea de que en futbol, por lo general, sacas como resultado según lo que pongas en la cancha y Nueva Zelanda me lo confirmó en la ida del repechaje intercontinental contra México; el equipo de Ricki Herbert se cobijó en la táctica menos apropiada para las bondades de su talento individual y colectivo, que lo tiene, pero no en abundancia, no en ese momento de la historia en que incluso el Tri, en su peor crisis, necesariamente es, y será mejor, el miércoles.

Hace semana y media en las páginas de La Afición escribí que el equipo de Herbert pondría un once tal cual lo dispuso este miércoles, con más jugadores con características defensivas que creativas, generadoras u ofensivas, todos encajonados en un 5-3-2 que por definición debía darse desahogo por los costados y con los volantes interiores, pero los preparativos neozelandeses no llegaron al segundo paso: el desdoble; los de México sí, con igual parado, pero con hombres más apropiados y todos haciendo los deberes.

Es lógico que un equipo tan endeble, que venía por empate, se derrumbara al primer gol; ya lo tiene usted, que el futbol es un estado de ánimo, y no lo digo yo, lo dijo Jorge Valdano, y no puede ser más cierto.

GOL A GOL

1-0. Peralta peleó una pelota con Smith, quien se la sacó barriéndose; entre el lateral Luchhead y Smith avivan la jugada con un zapatazo y un mal cabezazo, Montes la recoge por derecha y la pone en el área, el portero Moss sale, mal y tarde, con Oribe encima, Durant cabecea corto, a un costado, y Paul cachetea de derecha ganando la espalda a Luchhead; a todo esto, el también central Vicetich siempre fue espectador. En ese momento 7 neozelandeses pisaban su propia área y cuatro mexicanos los acabaron. Una anotación así, precedida de tantos errores defensivos, tendría que ser considerada autogol.

2-0. Pelota en tiro de esquina, la bola cae a una altura en la que Peña apenas se levanta y remata con la cabeza hasta agachándose de lo baja que está, su marcador no existió; Christie se estorba con Peralta y Jiménez remate a gol, también con la cabeza. ¿Dos mexicanos marcados por un neozelandés?

3-0. Es un trazo largo, un pelotazo bien intencionado de Márquez a Layún, quien le ganó la espalda a Durant, Miguel centró, se pasó Vicelich metro y medio, entre él y Bertos corrió la pelota y apareció Oribe de cara al portero.

4-0. Otro pase largo a Layún, quien vuelve a desbordar, su marcador lo contempla, los tres centrales se cierran, Oribe los deja irse dos metros adelante, se levanta y remata con la cabeza.

5-0. Por último, un tiro de esquina cobrado a dos tiempos, en el que Márquez remató con la cabeza.

5-1. Una distracción mexicana producto de la comodidad que da el meter cinco goles, obra de James al 84'.