Dramático triunfo de la Sub 17

Echar a Brasil, sin importar la categoría, es cosa de que la que se pueden jactar muy pocos. Hacerlo ya de manera recurrente, casi como hermosa costumbre, México y ya

México Sub 17
México Sub 17 (Mexsport)

Ciudad de México

Raúl Gutiérrez ha hecho al drama su cómplice. La sub 17 ha adoptado en su totalidad la esencia de su timonel como su modo de vida. Desquebrajar los nervios, llegar al extremo, estirar la liga a más no poder…todo mientras rueda un balón en la cancha y con personalidad logran colocarse como semifinalista del Mundial de la especialidad echando al mítico Brasil.

La maldición de los penales, monstruo eterno de nuestro futbol, fue pasada heroicamente por el arco del triunfo por estos jóvenes que tuvieron en el arquero Gudiño a su Mesías, al que los llevó de sus manos (y sus pies) a la tierra prometida de las semifinales.

Echar a Brasil, sin importar la categoría, es cosa de que la que se pueden jactar muy pocos. Hacerlo ya de manera recurrente, casi como hermosa costumbre, México y ya. Y en esta ocasión, como en las pasadas, atribuir a la suerte el mérito sería una injusticia. El Tri sub 17 puso lo suyo, maniató en 90 minutos al que, al momento, se presentaba como el equipo más devastador, el goleador del certamen.

Y México claro que sufrió. Incluso se puede decir que, por grandes lapsos, sobre todo en la segunda mitad, entregó el partido, cedió demasiado en una decisión muy arriesgada, jugando al filo de la navaja, al borde del precipicio como si el de frente fuera Islas Caimán y no Brasil.

Pero así El Potro. El mundo loco…y él tranquilo. Y sus muchachos más, sin perder el sello de la casa, orden casi militar de media cancha hacia atrás, apostando al contragolpe, al latigazo sorpresivo. La fórmula funcionó muy poco. Pero el tiempo transcurrió y la razón fue para el estratega mexicano.

Así, ni siquiera importa que el gol de México, anotado por Ochoa al minuto 81, haya sido de lo menos vistoso, con raíces más de viveza que de belleza. Valió igual.

Sin embargo, la máquina brasileña no se podía ir en blanco. Nathan, unos minutitos después, hacía pensar que eso de andar de valentones era un lujo innecesario.
Llegaron entonces los penales. El drama al extremo. Hubo que llegar hasta la segunda vuelta en la tanda. Y Gudiño, el guardameta, se irguió como el héroe.

La sub 17 ya está entre las cuatro selecciones del mundo. Y eso es lo de menos. Lo que significa este triunfo en tiempos de desazón para nuestro futbol, vale eso y muchísimo más.