Noche triste para la afición lagunera

Más de 300 aficionados de la ciudad de Monterrey y sus alrededores, hicieron el viaje en caravana para asistir al partido que su equipo disputó ante Santos Laguna.

Barra de Monterrey siempre estuvo muy presente en el Corona.
Barra de Monterrey siempre estuvo muy presente en el Corona. (Aldo Cháirez)

Torreón, Coahuila

Más de 300 aficionados de la ciudad de Monterrey y sus alrededores, hicieron el viaje en caravana para asistir al partido que su equipo disputó ante Santos Laguna.

La mayoría con boleto en mano que dijeron, compraron a través de Internet.

Con el final del partido y el gran festejo de Rayados en el Corona como si hubieran ganado la Final, la afición de Santos abandonó el escenario en calma, sin reproche alguno.

Bien custodiados por los elementos de Seguridad Pública Municipal, así como la Policía Estatal, los neoloneses arribaron al Territorio Santos Modelo sin contratiempo alguno, rápido fueron conducidos hacia el área que se les asignó.

Desde el arranque del partido se vivió un gran ambiente en la tribuna, los seguidores de Rayados impulsaron como de costumbre, los de casa no se dejaban, una atmósfera que evocaba a la liguilla, mientras que en la cancha los equipos no desentonaban.

Santos, aún cuando no estaba dando su mejor partido, no se amedrentó, estuvo desprotegido en el lateral derecho, pero con la velocidad, potencia y fortaleza de los atacantes del Monterrey demandaba de un gran esfuerzo.

Javier Abella, quien regresó después de una larga ausencia, tardó en meterse a ritmo, se le exigió bastante con Funes Mori que lo encaraba, lo mismo que Cardona y en ocasiones Castillo.

La afición de Rayados festejó a lo grande en cada anotación de su equipo y se sintieron como en casa.

Para Santos parecía todo perdido hasta que Djaniny se animó y metió ese buen gol que contó un poco con colaboración del arquero Jonathan Orozco, a partir de ese momento se sintió un equipo lagunero diferente, pero con poca claridad al frente.

Sobre el final, Calderón cobró tiro libre, se reclamó una mano, el árbitro sí la vio, pero determinó que no hubo intención a pesar de que interrumpió el viaje de la pelota hacia el arco los jugadores santistas reclamaron airadamente al silbante, pero nada cambiaría su decisión.