Oribe regresó a casa sin gol

Si el Corona no se llenó con aficionados santistas, los americanistas contribuyeron a que el escenario luciera pletórico, aunque eso causó que por momentos pareciera como si las Águilas fueran el equipo de casa.

Oribe fue bien recibido aunque los aficionados santistas le chiflaron varias veces.
Oribe fue bien recibido aunque los aficionados santistas le chiflaron varias veces. (Aldo Cháirez)

Torreón, Coahuila

Como era de esperarse, la recepción que dieron los laguneros a Oribe Peralta en su regreso al Estadio Corona fue con ovación, con aplausos y muestras de apoyo en retribución a lo que dio como jugador de Santos Laguna.

El estadio registró su primer lleno del torneo y sí, a costa de los americanistas, quienes hicieron resaltar el color amarillo de sus playeras, regado por todos los sectores de la tribuna, muchos llegaron acompañados por familiares santistas.

 Para Santos habrá reflexión para sobreponerse de las dos goleadas consecutivas, sobre todo en la parte anímica.

Si el Corona no se llenó con aficionados santistas, los americanistas contribuyeron a que el escenario luciera pletórico, aunque eso causó que por momentos pareciera como si las Águilas fueran el equipo de casa.

Antes de arrancar el encuentro, el equipo de Santos se tomó la foto con una manta cuya leyenda manifestaba el apoyo de los jugadores a su compañero Juan Pablo Rodríguez, quien tuvo que viajar a su natal Guadalajara para estar al lado de su esposa Karla, quien ha permanecido hospitalizada por problemas de salud.

El ambiente que se vivió en la tribuna fue distinto al de otros encuentros en el Corona, opiniones divididas, emociones encontradas, mientras que en la cancha los dos equipos se brindaban al máximo.

Peralta buscó su gol, Oswaldo se lo negó en dos ocasiones, pero contribuyó con el pase para el cuarto gol de Miguel Layún, quien inesperadamente se llevó la noche, pasando desapercibido en las jugadas hasta que hizo el último toque al arco, con lo cual se convirtió en el verdugo de Santos.

La pasión en la tribuna estuvo a punto de desbordarse, lo mismo en la cancha, muestra de la desesperación ante lo que se estaba dando en el partido.

Michael Arroyo se burló de Javier Abella, quien reaccionó lanzando un golpe, Sambueza también trataba de hacer lo mismo y los santistas fácilmente caían en las provocaciones. Afortunadamente no llegó a mayores.

Con el silbatazo final, gran cantidad de aficionados en el estadio festejaron, para Santos habrá reflexión para sobreponerse de las dos goleadas consecutivas, sobre todo en la parte anímica.