Retorna la locura con la “Santosmanía”

Después de que el Santos Laguna regalará a sus aficionados el pase a la final, los festejos en las calles de Torreón no se hicieron esperar, en algunos puntos se dejó sentir el caos.

Los disturbios se dieron por toda la ciudad, riñas familiares, riñas callejeras, daños a propiedad ajena, todo auspiciado bajo el espíritu etílico y la euforia de sentirnos ganadores.
Los disturbios se dieron por toda la ciudad, riñas familiares, riñas callejeras, daños a propiedad ajena, todo auspiciado bajo el espíritu etílico y la euforia de sentirnos ganadores. (Miguel Ángel González)

Torreón, Coahuila

Era un triunfo esperado, anhelado. El sueño de la afición lagunera por ver a su equipo casi acariciando la quinta corona del campeonato de Fútbol mexicano.

Santos Laguna desató de nueva cuenta, con sus tres goles contra el equipo de las Chivas, la famosa "Santosmanía" que retorna así de manera espectacular a una región tan golpeada.

Un grupo de chamacos de no más de veinte años, cercaban a cada carro que pasaba por la Juárez y a la altura de la Degollado, moviéndolo y rociando espray.

Al terminar el juego, aficionados fueron saliendo, poco a poco, pero constantes, hasta que eran ya miles quienes estaban en las calles de la región lagunera.

Es de destacar este deseo, tras años en los que nos fue privada la calle para caminar, para vivirla, mucho menos para festejar algo así, de tal tamaño.

Pero pasa que esta libertad también llegó a ser transgresora, muchos de los celebrantes iban en estado más que ebrio, tirando con patadas las cosas que tiraban a su paso, lanzando espuma en aerosol a quien se dejara.

Los vehículos, abanderados, con los "pitos" a todo lo que daban, pudieron verse en las calles. La tradicional Alameda Zaragoza sin embargo, fue uno de los puntos álgidos.

Un grupo de chamacos de no más de veinte años, cercaban a cada carro que pasaba por la Juárez y a la altura de la Degollado, moviéndolo, rociando espray, saltando encima de los vehículos, sin que les importara quien iba a bordo.

"Luego se andan quejando de que los atropellan", señaló una señora ya mayor, con su camiseta del Santos, mientras los muchachillos seguían en lo suyo, hasta que la Juárez fue cerrada a la altura de la calzada Colón.

Se fueron entonces a la misma avenida, esquina con González Ortega, donde hicieron bola y tenían prácticamente rodeado un banco que se ubica ahí mismo. Hasta entonces, elementos de las corporaciones no se habían hecho presentes.

Entonces fue cuando una unidad de la Policía Municipal se acercó con torretas encendidas por la Juárez.

Los disturbios se dieron por toda la ciudad, riñas familiares, riñas callejeras, daños a propiedad ajena, todo auspiciado bajo el espíritu etílico y la euforia de sentirnos ganadores.

La Plaza Mayor también tuvo mucha gente, se colocaron barricadas en las escalinatas, previendo que los pamboleros se decidieran a atacar la Presidencia Municipal.

Pero también cupo la cordura. Sobre todo entre las personas que se decidieron a salir a festejar en compañía de sus niños pequeños, de abuelitos, incluso mujeres embarazadas.

"No hagan eso, no lo hagan. Vamos a festejar bien al Santos, lo que están haciendo ya es vandalismo. Por favor", dijo ante oídos sordos otra señora  joven, que buscaba otras cosas diferentes para ella, su mamá y su pequeño hijo de cinco años.

La Plaza Mayor también tuvo mucha gente, se colocaron barricadas en las escalinatas, previendo que los pamboleros se decidieran a atacar la presidencia municipal. A este lugar llegó Adelaido Flores, Director de Seguridad Pública Municipal.

Por su parte, Comunicación Social de la corporación informó que no habían tenido registros ni reportes de ningún asunto severo en particular.

No se traspasó la barrera, quienes hacían fiesta en la calle, bailaron hasta la "Víbora de la Mar", como si fuera una boda. Las bodas de la afición con su equipo, que ojalá no acabe con regaños de las suegras y con el deseo de una luna de miel que sea el campeonato cinco para el Santos.