Rami Anis: de Siria a los Olímpicos de Río de Janeiro

Un joven nadador sirio que llegó a Bélgica a pie desde su país, viajará a Brasil en agosto próximo con el equipo de atletas refugiados organizado por las Naciones Unidas.

Rami Anis tuvo que abandonar su ciudad natal junto a su familia para seguir entrenado.
Rami Anis tuvo que abandonar su ciudad natal junto a su familia para seguir entrenado. (Comité Olímpico)

Bélgica

Dijo el filósofo Albert Camus en su libro La peste, que “ha habido tantas plagas como guerras en la historia; pero tanto las guerras como las plagas siempre toman por sorpresa a la gente”, y esta historia no es la excepción.

Sobre el banco de salida, antes de tirarse al agua, Rami afloja los músculos de los brazos. Son las cinco y media de la tarde, hora de comenzar el tercer entrenamiento del día, y el joven vuelve a sacudir sus tríceps, bien marcados por el ejercicio, antes de dar el salto mientras por las ventanas superiores de la alberca Rozebroeken, ubicada en la ciudad flamenca de Gante, al norte de Bélgica, una luz intensa del verano europeo se cuela formando unos reflejos de oro en el agua.

En 2011 dejó su ciudad de Alepo, pensando que regresaría en unos meses

A este muchacho, que contrasta por su piel morena con el resto de sus compañeros rubios y espigados del equipo de natación local, la guerra, como dijo Camus, lo atrapó a miles de kilómetros de aquí, por sorpresa y en la piscina, intentando superar sus tiempos para alcanzar ese sueño al que todo deportista aspira.

Hace cinco años, Rami Anis tuvo que abandonar su ciudad natal junto a su familia para seguir entrenado, pero no solo eso, también tuvo que huir de casa por miedo a ser asesinado. Los años que el joven ha pasado alejado de Siria son los más valiosos que tiene todo deportista. A este muchacho de sonrisa amplia y actitud sencilla, la guerra pudo arrebatarle un lustro de su vida, pero no el más grande de sus sueños: asistir a unos juegos olímpicos, lo que hará este verano cuando viaje a Río de Janeiro como parte del recién nombrado Equipo Olímpico de Refugiados.

Rami se impulsa con sus piernas y brazos y se tira de una vez al agua...


BRAZADA A BRAZADA

En 2011, la llamada “oposición siria” comenzó una serie de ataques contra las Fuerzas Armadas del presidente Bashar al-Asad luego de que éstas últimas reprimieran varias manifestaciones en contra de la corrupción política y los abusos a los derechos humanos.

De ser una nación tambaleante, con servicios que funcionaban a medias —incluidas las instalaciones deportivas— el país del Oriente próximo pasó a ser un caos en el que las balas y los morteros, de uno y otro bando, comenzaron a roer las ciudades hasta dejarlas inhabitables.

Al inicio del conflicto, cientos de personas, principalmente jóvenes inspirados por la llamada Primavera Árabe que se dio en otras naciones como Libia y Egipto, decidieron lanzarse a las calles en busca de un cambio. Sin embargo, la violenta represión del gobierno a las manifestaciones y los intensos combates forzaron a un buen número de personas a abandonar el país por miedo a ser desaparecidos o asesinados.

Apenas con 20 años, el chico que ahora avanza brazada a brazada por la línea central de la moderna alberca belga dejó Alepo, su ciudad natal, en octubre de aquel 2011, pensando que sería cuestión de meses para que la situación en Siria se estabilizara. Sin embargo, en uno de nuestros encuentros previo a su entrenamiento en la alberca, me dijo nostálgico que jamás imaginó que cinco años después aún no podría volver a casa ni competir por su país.

Antes de partir, Rami ya había podido conseguir campeonatos nacionales e internacionales en 100 y 200 metros estilo mariposa, su especialidad, y se encontraba en camino a bajar sus tiempos en la piscina previo a que el conflicto estallara.

Además de la guerra, según me diría después su entrenadora, Carine Verbauwen, en una charla, el joven tuvo que sumarse a las primeras personas que partieron hacia el norte —hacia la vecina Turquía— a causa de su rebeldía a formar parte de la imagen falsa de una Siria estable; en varias ocasiones, autoridades le pidieron tomarse fotos con la bandera y realizar declaraciones a la prensa sobre una Siria que no existía, “situación a la que él se negó”, aseguró Verbauwen.

Al llegar a Turquía, Rani comenzó a entrenar en el club Galatasaray de Estambul, donde estuvo tratando de abrirse camino por cuatro años, desafortunadamente no pudo llegar a competir en ningún evento por no tener papeles turcos ni ser aceptado como sirio oficialmente en competencias internacionales al no tener respaldo oficial de su federación.

“Aquellos fueron tiempos difíciles”, me dijo en un inglés muy básico mirando la alberca con sus ojos negros una mañana antes de entrar al agua.

Entonces, Anis pensó que en Europa podría abrirse camino y consideró a Bélgica o Alemania como una buena opción. Decidió seguir la ruta que han seguido miles de personas, provenientes principalmente del norte de África en los últimos años, para cruzar el mar Mediterráneo arriesgando la vida.


INTRINCADA ODISEA

Hasta ahora, en ya cinco largos años de conflicto, según datos de la oficina para los refugiados de la Organización de las Naciones Unidas, más de tres millones de personas han tenido que abandonar Siria a causa de la que es ya catalogada como la guerra más cruenta de lo que va del siglo XXI, una que ha dejado más de 220 mil muertos y otros 10 mil que han fallecido en el Mediterráneo desde 2014 en su intento por alcanzar Europa.

“Aquel viaje ha sido la experiencia más difícil de mi vida”, me contó Rami un poco apenado. Desde que tuve mi primer contacto con este nadador en la recepción de la alberca noté que no era un joven de escasos recursos ni poco educado, todo lo contrario, su forma de vestir y sus modales mostraban a un joven de clase media que había asistido a la escuela, sin duda pertenece al grupo que por sus posibilidades económicas pudo escapar de la guerra mucho antes que otros más vulnerables.

En octubre de 2015, junto a su padre y su hermano, Rami dejó Estambul con la idea de llegar a Bélgica, donde tienen familia viviendo desde hace muchos años. En ese país, le recomendaron ir a buscar dónde nadar porque alguien le dijo —erróneamente— que a los nadadores belgas les pagaban.

Sin su madre, quien se quedó en Estambul, la familia viajó a la ciudad costera de Izmir, ahí contactaron a un traficante de personas que los acomodó en un bote compartido con un numeroso grupo de gente proveniente de Eritrea, Siria, Libia, Egipto e Irak, entre otros países, con la idea de llegar a Grecia.

Una vez rescatados del mar y en tierra, continuaron por 10 días su recorrido por Macedonia, Serbia, Hungría, Croacia, Alemania hasta llegar a Bélgica en trenes, autobuses y caminando, justo como lo han hecho miles de personas en los últimos años y que ha llevado a este fenómeno a ser considerado la peor crisis migratoria desde la guerra de los Balcanes.

CAMINO A RÍO

Una mañana de octubre del año pasado, Carine Verbauwen recibió una llamada. Era su hermana Pascale que le decía que un chico sirio llegado a Bélgica huyendo de la guerra estaba buscando alguien con quien entrenar y ella parecía la persona indicada por tener su club, de nombre Mega, muy cerca de donde el joven tenía familiares viviendo en Bélgica. Carine aceptó reunirse con él. Pascale le dijo entonces que el chico, su padre y su hermano la esperaban en ese momento en la alberca de Gante para hablar con ella.

“Lo primero que Rami me preguntó cuando nos conocimos fue que cuánto pagábamos por nadar en el club”, me dijo sonriente Carine al narrarme su primer contacto. “Quería ganarse un dinero para su familia, no quería hacer las cosas gratis, pero le dije que en Bélgica solo hay un deportista que vive de nadar gracias a patrocinios. Entonces me dijo que había escuchado que en Alemania sí había oportunidad. Le respondí que si tenía más suerte, allá que fuera y probara”.

Anis viajó de inmediato a Alemania. Sin embargo, luego de dos meses de entrenar y de ver que tampoco había posibilidad de remuneración por practicar el deporte, decidió regresar a Bélgica y comenzar a entrenar en Charleroi, una comunidad muy cercana a Bruselas y que está muy próxima al albergue de inmigrantes donde se alojaba en espera de recibir el estatus de refugiado.

Pasaron un par de meses antes de que el joven se sintiera del todo cómodo en su nuevo club, así que decidió ir a buscar a Carine Verbauwen nuevamente. La ex medallista olímpica y poseedora de un longevo récord nacional de estilo dorso, recibió a Rami con gusto y le ofreció un lugar en el club Mega.

Desafortunadamente, la distancia entre el albergue de asilo donde se alojaba y la alberca hacían muy pesado los entrenamientos para Rami. Todos los días tenía que viajar entre dos y tres horas de ida e igual tiempo de regreso.

Al final, Carine pudo conseguirle un departamento que su ex esposo tenía vacío en una localidad próxima a Gante, para poder estar más cerca de la alberca y de sus entrenamientos que comenzaron a intensificarse a partir del pasado mes de febrero.

Hace un par de meses, el Comité Olímpico Internacional (COI) informó que apoyaría a un grupo de atletas que tuvieran estatus de refugiados en diferentes lugares del mundo. Rami se enteró de la noticia a través de una persona que lo contactó para una primera selección. A principios de junio, recibió otra comunicación en la que le informaban que había sido elegido para formar parte del Equipo Olímpico de Refugiados que viajarían a Río de Janeiro 2016.

Rami y Carnie aceleraron el proceso con dos entrenamientos en la alberca todos los días de dos horas cada uno y dos sesiones en el gimnasio por semana, todo con la idea de bajar su tiempo en los 100 metros mariposa a 55 segundos, todavía lejos de las medallas y los récords mundiales, pero tiempo que le permitirá dar competencia.

Este chico, que antes de que salga el sol está ya de camino a la alberca para arrancar su primer entrenamiento del día, será uno de los que lleve a uno de los eventos internacionales más vistos alrededor del mundo, los Juegos Olímpicos, el mensaje de los refugiados de Europa, Asia y África, una de las realidades más crueles de nuestro tiempo, una protesta similar la de Tommie Smith y John Carlos en las Olimpiadas de México 68, cuando denunciaron la discriminación.

Es cierto, la guerra como las plagas siempre toman por sorpresa a la gente, no hay duda. Pero algunos, como este joven nadador sirio que se levanta sobre el agua poderoso a cada brazada, han logrado transformar su situación en una oportunidad, en la gran oportunidad de su vida.


VJCM