La complejidad y osadía de ser olímpico

Iván Bautista puntualiza el proceso que sigue cuando detecta a un nuevo atleta con aptitudes para competir en una justa veraniega.

Iván Bautista, entrenador de clavados
Iván Bautista, entrenador de clavados (Carlos Zepeda)

Guadalajara

Competir en unos Juegos Olímpicos es un logro de proporciones titánicas. Según cifras del Banco Mundial, son 7 mil 347 millones de habitantes sobre la tierra, de los cuales sólo 10 mil 500 competirán el próximo agosto en Río de Janeiro. Es decir, sólo una diezmilésima parte de la población del orbe es la que podrá presumir esta hazaña.

Dicho lo anterior, hay quienes aún tienen la capacidad de ver con naturalidad un suceso tan extraordinario. Este es el caso de Iván Bautista, quien es capaz de explicar el proceso de esta hazaña en unas cuantas palabras. El entrenador de clavadistas de la selección mexicana y del estado de Jalisco, desmenuza con facilidad la estrategia que toma de inicio a fin en un ciclo olímpico.

Aunque ya dirige atletas de calidad probada como Iván García o Germán Sánchez, medallistas de plata en Londres 2012, Bautista puntualiza el proceso que sigue cuando detecta a un nuevo atleta con aptitudes para competir en una justa veraniega.

“Hay que detectar al atleta, ya si le ves posibilidades de ser olímpico es donde viene un trabajo de cuatro años. En el primer año tratas de enseñarle sus clavados de competencia, seis para los hombres y cinco para las mujeres. El segundo año tratas de que participe en una competencia de alto nivel, lo muestras al mundo para foguearlo. Al tercer año lo tratas de posicionar entre los mejores para que los jueces lo conozcan. Ya en cuarto año vienen los Juegos Olímpicos, a grandes rasgos ese es el proceso.

“Un atleta ya detectado tiene que tener dos aspectos muy importantes; uno, la especialización, si vas a enfocarlo a trampolín o a plataforma; dos, cómo está su físico para ya hacer un trabajo de fuerza especial, esto para que rindan y puedan realizar los seis o cinco clavados. Antes, cuando niños, ya invertiste en formar su técnica básica y su carácter, ver si es competitivo”.

Estos cuatro años, los cuales sólo son la recta final en el proceso de conseguir un sueño, implican un esfuerzo loable de cada atleta. En el caso específico de los clavadistas por año invierten, sólo en entrenamiento, alrededor de 2 mil 600 horas.

La naturalidad con la que Bautista explica esta travesía es propia de alguien que conoce el camino a seguir y a diario avanza por este sendero. En pocas palabras resume un lapso de cuatro años que, para cualquier atleta, es sólo la punta del iceberg de toda una vida de esfuerzos.

“Para que un atleta pueda ser considerado para ser olímpico, ya tiene que haber practicado su deporte durante siete o diez años. Es raro que alguien tenga con tres años o cuatro, pudiera haber casos especiales si es que un gimnasta decidiera convertirse en clavadista, pero es muy raro. Algunos duran hasta 14 años para llegar en punto a un ciclo olímpico”.

Luego obtener la aprobación de su entrenador para encarar un ciclo, el atleta debe saber que los próximos cuatro años transcurrirán de manera cíclica y cada mes tendrá un propósito específico dentro del plan de trabajo. En el caso de los clavadistas, octubre, noviembre y diciembre son destinados a trabajos de preparación general, en enero, febrero y marzo la preparación física ya es más específica, mientras que de abril a agosto enfrentan el periodo competitivo más intenso.

Dos preseas olímpicas de plata son el mejor recuerdo que Iván Bautista tiene de más de dos décadas de carrera como entrenador. Hoy, en vísperas de Río 2016, espera coronar de la mejor manera un nuevo ciclo olímpico en el que cinco de sus atletas lograron su pase a la justa veraniega.


Datos

Alrededor de 10 años de práctica se requieren para que un atleta apunte a Olímpicos.

50 horas de entrenamiento a la semana son las que realiza regularmente un atleta que busca su boleto olímpico.

Campeonatos centroamericanos, panamericanos, Juegos Olímpicos de la Juventud son la ruta a seguir en el camino a una justa veraniega.


El entrenador debe buscar el bienestar físico, técnico, psicológico y alimenticio de su atleta durante el ciclo olímpico.