Palomar

A mi sobrina Isabella, que a los 4 años comienza a pisar su territorio

Jugadores de Pumas celebran la victoria sobre Chivas
Jugadores de Pumas celebran la victoria sobre Chivas (Imago7)

Ciudad de México

Volvemos

Dicen los detectives que volvemos, por culpa volvemos, al lugar del crimen. Regresamos al Palomar donde nos despellejaron la piel azul y oro, el temple, la cordura, el carácter, el amor propio e, inclusive, la menesterosa, incómoda autocrítica. Volvemos a este Palomar desde el que atestiguamos la cardiaca ronda de penales en contra de los Tigres en el Clausura de 2015; desde donde vimos frustrada la experiencia de seguir adelante en la Copa Libertadores hace ciertas resacas y, peor aún, desde el que contemplamos cómo la Liguilla se nos iba de las manos como una mala apuesta en el Bellagio de Las Vegas, porque somos Pumas, felinos de corazón, esos que vestimos el jersey y estudiamos en alguna facultad del universo alternativo de la recién inaugurada CdMx: la gloriosa Ciudad Universitaria. Volvemos porque, dice Jorge Valdano, “el futbol es lo más importante de lo menos importante” y algunos cruzamos los retenes de Mancera en pleno Insurgentes (a metros de las puertas oficiales del estadio) irritados porque vendieron a Ismael Sosa (el más valioso de la temporada que acabó), paradójicamente, a los Tigres de Nuevo León, aunque reforzaron al equipo con Barrera y Gallardo pero, para tranquilidad de nosotros, los felinos, conservaron a Herrera y a Cortés aunque a mi parecer, el que sigue siendo un garbanzo gordo, el más osado, es el Pikolín Palacios, el héroe de este debut de Paco Palencia al frente de nuestros Pumas: ojalá que Paco haga un mejor trabajo en comparación al flojo rendimiento que Memo Vázquez presumió en su última etapa, ese Vázquez adalid de otros tiempos y otras temporadas. Palencia, el de la greña larga que hizo época en las filas de CU de 2007 a 2011, se estrena como director técnico de un equipo que va de banda en banda, que a ratos no se entiende: ¿sin Verón qué sería de la defensa? ¿Sin la garra de Britos o el oxígeno que imprimen Alcoba y Alatorre, seríamos gatos salvajes?

Llegamos a un estadio abarrotado (¿de verdad, en serio, se pagaron todas las localidades?... Puedo dar fe que en un par de cuentas de Twitter se promocionaba el regalo de boletos y que a las 7:00 PM del sábado aún se invitaba a la afición a comprar tickets para el juego contra Guadalajara desde @PumasMX), y en el que las banderas ondeaban con singular alegría, los tacos de canasta de 7x10 no hacían su agosto (bueno sí, lo consumaron al término de la contienda), y en el que los estanquillos de jerseys, cachuchas, guantes, orejas peludas y hasta gatos de algodón sedujeron a mi adorada Isabella.

¡Gooya... Gooya!, retumbaba fuera de los túneles. Un Goya renovado por la expectativa flaca del desempeño de Palencia (sin cheque en blanco por la afición renuente al entusiasmo mediático de la directiva), y el partido comenzó. Blando, riguroso en el ataque Puma, no fructifica la primera mitad. Al segundo tiempo, las Chivas ceden en el 56’ y pico con un autogol de Pereira a sus propias cuerdas, aunque debo reconocer que no me gustan esa clase de ventajas (“haiga sido como haiga sido”, tipo el general con casaca militar talla XXXL, Felipe Calderón). Vuelo para sí del número 4, Jair Pereira, en contra de su propio cuadro, y el Palomar revienta en vítores, brincos y Goyas y vuelve a su ritmo giratorio: bola para aquí y para allá. Sacan (por fin) a Herrera y entra Kevin Escamilla. Bola aquí y para allá, mano de Pumas y el maese Pikolín Palacios detiene el tiro blandengue del Gullit Peña (jajaja, para Peña tenemos otras pifias, digamos uno que completa el apellido con el apelativo Nieto) y el estadio Olímpico se desborda con ese lance del gran Pikolín Palacios, por lo que solo pienso que si le hubieran dado la titularidad al Pollo Saldívar, quizá ahora la historia sería la de un empate.

Dicen los detectives que volvemos, por culpa volvemos, al lugar del crimen. Comienza el inicio de temporada y yo veo, a lo lejos, la imponente altura de Rectoría y las imágenes de O’Gorman en la Biblioteca Central. Por cierto que en cuestión de imagen va un reclamo a Nike: el nuevo jersey de Pumas está bien chafa.