Pumas: El poder de una victoria

Después de nueve meses de no ver a su equipo ganar, los aficionados auriazules salieron satisfechos del Estadio Olímpico Universitario, tras la victoria de Universidad por 3-0 sobre Tijuana 

CIUDAD DE MÉXICO

El árbitro César Arturo Ramos concluye el partido entre Pumas y Tijuana. Punto final a la malaria, los demonios más oscuros que se habían instalado en el Estadio Olímpico han sido exorcizados. La gente canta, celebra, ríe. José Luis Trejo abandona el campo y se persigna antes de tomar el túnel que le lleve al vestidor. Esta vez no vuelan vasos ni líquidos. Ahora todo es felicidad, si bien hay gente que aún se muestra recelosa con el entrenador, el triunfo le concede más crédito al proyecto de Trejo.

“¡Qué bonito sabe ganar, ya hasta se me había olvidado, así se juega Pumas, con güevos!”, grita un aficionado. Los jugadores permanecen en la cancha, esta vez el trayecto al vestidor es pura felicidad, con la cabeza levantada, voltean a la grada y ven miles de rostros lanzando Goyas. 

La plantilla va con la Rebel, con la Plus. Pebetero y Palomar irradian felicidad, de golpe y porrazo Pumas se ubica en el cuarto puesto. “Ojalá que esto se mantenga, que no sea nada más de una jornada”, pide otro aficionado. En los túneles no se escuchan mentadas ni reproches. Las frustraciones de los últimos nueve meses han pasado a ser un amargo recuerdo de lo que esperan no volver a vivir en CU.

Es lo que tiene una victoria, que entierra todo lo malo, que renueva la fe de la parroquia; le da paz a la directiva, confianza a los jugadores y aleja el pesimismo de la grada. Nada como el sabor del triunfo, ese que se había perdido en CU; ayer, el Olímpico recuperó un poco de esa magia que debe tener como hábito.