Un espíritu inagotable

Christian Hernández, canterano de Pumas, lucha cada día buscando su recuperación; víctima de un asalto en el 2014, hoy, valora su formación y trata de salir adelante

Ciudad de México

No todas las historias relacionadas al futbol implican victorias en la cancha o títulos. Ésta es una de ellas. Pocos conocen a Christian Hernández, pero él no olvida sus orígenes, los mismos que han sido fundamentales para que hoy en día se mantenga irme en lo que ha representado un largo y difícil camino.

Christian se formó en las Fuerzas Básicas de Pumas como futbolista, y desde los 10 años, vistió los colores de un equipo que le marcó y con el que fue creciendo. Se desempeñaba como volante por derecha, como ofensivo dentro del campo. Hizo pretemporadas con el primer equipo, con distintos técnicos en el banquillo (Tuca Ferretti, Memo Vázquez y Toño Torres Servín).

"Me tocó compartir generación con Javier Cortés, David Cabrera, Alfredo Saldívar, Luis Fuentes y Eduardo Herrera. Lo que más atesoro es la experiencia que me dejó el jugar el Torneo Don Quijote, de España, allá hicimos un muy buen papel, aunque quedamos fuera en cuartos de inal. A nivel colectivo desplegamos un juego impresionante. También tuvimos torneos en Brasil, Italia y Estados Unidos", relató.

Fueron los resultados adversos de Universidad Nacional los que complicaron que por años, entrenadores en turno voltearan a La Cantera; esta situación, además de la venta de Pumas Morelos, propició la salida de Christian Hernández, apodado el Chispa, a mediados del 2013, cuando se marchó a los Delfines de Coatzacoalcos, una escuadra de la Segunda División nacional, buscando un mejor porvenir.

Sin embargo, fue fuera de la cancha donde le cambió la vida. El canterano de Universidad Nacional no concentró con la escuadra de Delfines, que partió a Zacatecas, a inicios del 2014, cuando el equipo disputaba el torneo de Liga y él se quedó en la casa club en el Puerto. Entrada la noche del 22 de marzo de ése año, el volante, junto a un compañero, cuando buscaban algún lugar para cenar, fueron interceptados por un grupo de cuatro asaltantes. Chris sufrió lesiones en la cabeza y cuello.

"Vecinos intercedieron por mí y los asaltantes se alejaron. Yo no podía moverme. Una ambulancia llegó más de media hora tarde para trasladarme a un hospital. Me rompí las cervicales (C3, C4 y C5) por los golpes que recibí y se me estaba formando un coagulo, por el que me tuve que operar. Estuve en terapia intensiva varios días, porque no podía respirar por mi cuenta. Tuve también una cirugía por complicaciones en mis pulmones; salí del hospital tres semanas después del incidente".

Christian superó diversos diagnósticos, que le daban a él y a su familia, escasas esperanzas de una recuperación que le devolviera independencia en su día a día. Como en la cancha, Hernández entregó lo mejor de sí, ha mostrado carácter, disciplina y corazón, para salir adelante con distintas terapias.

Y es que la lesión de cervicales corta la información que manda el cerebro al resto del cuerpo. Pero esto no ha sido impedimento para que se consiga lo improbable, lo que parecía imposible. Poco a poco ha recuperado movimientos en los brazos y el tronco, con lo que ha logrado dar pasos importantes en un partido sumamente complicado.

"Compañeros de Pumas y también la Comisión del Jugador, dieron cierta cantidad de dinero para ayudar a mi familia a pagar las cirugías. No he tenido contacto con la directiva de Pumas, pero sí amigos de la adolescencia (Alfredo Saldívar, Eduardo Herrera, Javier Cortés, incluso Efraín Velarde, por mencionar algunos), se han mantenido al pendiente de mi recuperación".

Christian aceptó el cambio de vida como un reto y su formación como futbolista profesional le ha brindado herramientas necesarias para no decaer en el intento, ha luchado contra la adversidad: "Siempre hay que encontrarle el lado bueno a las cosas; esto me han enseñado a valorar hasta la rutina. Es una manera de empezar de nuevo".