Piden perdón a Calero

En el primer aniversario de la muerte del ex cancerbero colombiano, la directiva del Club Pachuca pidió perdón al Cóndor “por los malos resultados, por no saber defender tus triunfos”

Pachuca

Un espíritu rondó ayer el Estadio Hidalgo, pero también se hizo presente un temido fantasma. A un año de su partida, Miguel Calero volvió a surcar los aires en El Huracán, a escuchar las porras, los coros, los aplausos. ¡Vuela alto, Cóndor! Rezaban gorras, lonas y carteles. La cancha del Club Pachuca fue habilitada como una gran capilla. Ese césped que fue el escenario de sus glorias durante 10 años, ahora lo fue de su homenaje por un día, lejos de su natal Valle del Cauca.

Los fantasmas suelen salir de noche, pero esta vez apareció uno a medio día, y en plena misa. El Tuzopadre (un ministro católico local conocido así por su recia afición futbolera) durante su sermón señaló con índice de fuego a jugadores, técnicos y directivos: “si hay una palabra hoy para Miguel, sería ‘gracias’ por lo que realizó en este equipo. Pero una segunda palabra sería ‘perdón’ por los malos resultados, por no saber defender sus triunfos, por la actitud mediocre de un equipo de media tabla para abajo”

Por el recuerdo del espíritu de Miguel, o quizá por la vergüenza del fantasma de una pésima temporada reciente, las cabezas se agacharon compungidas. En primera fila se encontraban la esposa e hijos del glorioso Cóndor… a un lado, Decio de María; Andrés Fassi, que enjugaba alguna lágrima furtiva; Jesús Martínez, con gafas tratando de ocultar la pesadumbre y nostalgia. Atrás todos los demás, el Ojitos, el Conejo…

Continuaba la arenga crítica del implacable cura. Sólo el saludo de paz y la comunión les dieron un respiro. Al final, estallaron las porras en la tribuna poniente: “Ay mire que locura, mire qué emoción… Calero llegó al Pachuca a convertirse en campeón”, cantaban entre tamborazos, cohetones, globos y papel picado en el aire.

Afuera los fanáticos esperaron más de una hora bajo sol a que el gobernador llegara a inaugurar un “monumento”. Estoicos buscaban refugio bajo algún árbol, mientras a sus espaldas corría el tráfico vehicular y con cánticos seguían reprochando los malos resultados. “Perdón”, clamó Andrés Fassi en su discurso, atendiendo a la sugerencia del clérigo.

Estalló la instalación eléctrica del sonido local, atada a un poste. Tal vez fue el modo de Calero de exigir una disculpa también por el esperpéntico “monumento” de lámina y tubos. De cualquier forma, su espíritu se siente fuerte entre los aficionados, y le apuestan a que él pueda exorcizar al fantasma. Y eso que apenas han pasado 365 días de la muerte por trombosis del portero capitán.