Ni Pumas le está dando chance a los otros 17 clubes para que tomen ventaja y luego darles alcance sobre el final de la Liga ni es campeonitis colectiva, sino mediocridad individual.
¿Quién convenció a Sergio Bernal que su mirada posee el don seductor capaz de frenar por aire o tierra los remates del rival y los del compañero? Porque ya no se tira por pelota alguna, sólo vigila el gol. ¡El Bernalazo está de regreso! Que lo patente.
¿Quién le dijo a Pablo Barrera que el gol suyo que dio el sexto campeonato a Pumas -ante Pachuca- también le otorgó beca vitalicia como titular en el equipo o jugador profesional? Porque el mediocampista flota durante el primer tiempo de cada partido, luego se va apagando hasta que se hace ojo de hormiga, como si tuviera temor al protagonismo. Es de chispazos, es para medio tiempo, y se preferencia los segundos.
¿Quién le enseñó al lateral Efraín Velarde que los balones se bajan con manos y brazos... aún cuando no eres portero? Porque ese penalti suyo ante Estudiantes fue grosero, indigno, sin excusa. Una estupidez, vaya.
¿Quién le prometió al delantero paraguayo Dante López que si no se movía de la punta algún día la pelota le caería a placer? Porque el tipo ni ayuda en la marca abajo ni ayuda marcando arriba; se le extravió la portería. Es una estatua.
¿Quién le creyó a la directiva cuando dijo que se irían igualito el próximo torneo, con la misma fórmula que trajo el campeonato? Porque pues igualito, igualito, no se fueron; si bien no trajo refuerzos de peso, sí se deshizo de, al menos, un jugador clave llamado David Toledo –se fue a Tigres- y otro que si bien se fue ganando la banca con su inconsistente futbol, Juan Carlos Cacho, era ya en el equipo de Ricardo Ferretti una opción más de gol. Ahora los hace, pero para Pachuca, a donde volvió. Hoy toda la delantera universitaria, clavada, de área, se limita a lo que hagan Dante, el argentino Martín Bravo y Francisco Palencia. A llorar.
¿Quién le creyó a quienes desde el interior de la directiva afirmaron que el campeonato había sido la confirmación del gran trabajo en comunicación entre cancha y escritorio que se había hecho? Mentira, fue sólo el trabajo del "Tuca", los jugadores y Mario Trejo -director deportivo-, todos los demás se colgaron a la buena hora para salir en la foto. ¿Les suena?
Y ahora que es cuando se necesitan explicaciones, dar la cara, los que ofrecen todo esto son los que hace apenas par de meses quedaron relegados de las cámaras y micrófonos, porque hoy los 'protagonistas' de los festejos por la sexta estrella ni el ojo pelan.
El campeón no tiene campeonitis, sólo está enfermo de vanidad, la que proliferó de la raya para afuera del campo de juego; pero hasta eso, con el tiempo se quita.