Balasana o la postura del niño

Para el bebé en gestación, la posición fetal que adopta durante nueve meses dentro del vientre materno no es ni por asomo azarosa; además de que gracias a ella se forman de manera correcta las curvas de la columna vertebral, le permite desplegar la capacidad de “estar presente en sí mismo”, lo cual dará dirección a todo su proceso de desarrollo subsiguiente. Y esto, el yoga lo sabe


La posición del niño
La posición del niño (Especial)

Ciudad de México

Balasana o la Posición del Niño es conocida también como la Postura del Embrión; una asana restaurativa y de descanso donde el cuerpo se dobla sobre sí mismo como el bebé gestante y donde hay una sensación de protección y bienestar que remite a esos días dentro de la matriz de la madre que permite recuperarse al practicante cuando necesita un respiro durante la sesión.

De acuerdo con yogaye.com, la postura del bebé es la gran aliada “para esos momentos de estrés en los que necesitas ponerte en contacto con tu vitalidad interna, aunque también es una postura de rendición, donde entregamos la mente y su agitada actividad a la madre tierra para que nos devuelva serenidad. Por lo tanto, al practicarla lo que encontrarás es interiorización, calma emocional, la mente se torna receptiva y se reequilibran las polaridades energéticas”.

De las bondades emocionales y espirituales que genera la práctica de Balasana hay que mencionar que alivia el estrés y la ansiedad, proporcionando calma interior, claridad mental y sosiego. Además, es una postura que revitaliza y ayuda en los procesos naturales de sanación del cuerpo.

DE ADENTRO HACIA AFUERA

Como explica la fisioterapeuta y posturóloga María del Mar Sánchez, después del nacimiento, el bebé necesita colocarse en posición fetal —misma que mantuvo durante nueve meses dentro de su madre—, primero para la formación de la curva dorsal en la columna y luego para encontrar su lugar con respecto a sí mismo y con respecto al exterior:

“Es una postura que le centra, que le permite descubrir sensaciones internas y también externas, explorar las diferentes partes de su cuerpo y ensamblarlas. Plegar su cuerpo hacia su ombligo, precede en cierto modo a la fase de ‘desenrollarlo’ hacia el mundo exterior”.

Es necesario estar “enrollado”, continúa Sánchez, mediante la activación de los músculos flexores, para desarrollar la relación con el propio yo y que sucede a partir de todas las actividades personalizantes de observación: Manos delante de su cara, objetos, manipulación, creación y relación como tender los brazos hacia su madre. El niño debe desarrollar primero sus gestos delante de él para luego pasar a otras posiciones como estar de lado, sentado, de pie, etc.

“Estas experiencias tendrán una importancia radical para tener éxito, posteriormente, en la escuela y en la vida. Primero debe haber sido capaz de centrarse en su cuerpo, de conocerse, es decir, estar presente en sí mismo. La capacidad de replegarse es indispensable para que el niño vaya cumpliendo y superando las etapas de su desarrollo: motora, cognitiva, emocional. En defi nitiva, esta capacidad da un eje a su proceso de evolución”.