El sueño de Rio, la rabia de Romario

La contaminación de Guanabara no es, de lejos, una de las principales preocupaciones para la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, a un año de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

La contaminación de Río de Janeiro es uno de los problemas previo a los Juegos Olímpicos
La contaminación de Río de Janeiro es uno de los problemas previo a los Juegos Olímpicos (DPA )

RIO DE JANEIRO, Brasil

Un gallo muerto flota sobre la bahía de Guanabara, con las garras hacia arriba y las alas extendidas. Además, una bolsa de plástico, botellas de Coca-Cola y un pedazo de espuma de poliuretano navegan por las aguas. No es precisamente una imagen que invite a la natación. Apesta. Y la película de aceite tampoco sería muy propicia para la piel. ¿Estará mejor en 2016?

El ex astro futbolístico y ahora diputado Romario conduce su barco en voz baja resoplando a través de la bahía de Guanabara, a la vista del Pan de Azúcar, por las aguas que se utilizarán para la vela en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Si no se mira el agua, el ambiente pintoresco.

"Los políticos sólo están interesados ​​en los edificios que se ven, un nuevo estadio, un nuevo metro", se queja Romario. "Desde hace cuatro décadas, cada año hay más contaminación". De la pesca ya nadie puede vivir, ni tampoco se puede comer nada que haya sido pescado en ese lugar.

La contaminación de Guanabara no es, de lejos, una de las principales preocupaciones para la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, a un año de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río 2016.

El canal por el que se dirigen los grandes barcos al puerto es el principal problema. Debido al intenso tráfico, el agua está contaminada.

Ligeramente mejor es la situación para los nadadores de aguas abiertas y los triatletas que buscarán el oro olímpico frente a las playas de Copacabana. Cuando recientemente se llevó a cabo una prueba piloto de triatlón, el agua estaba bien. Pero la calidad varía de acuerdo al flujo diario.

La desconfianza es grande: el Comité Olímpico Internacional (COI) quiere hacer estudios propios para medir la cantidad de bacterias y virus dañinos en el agua.

Los pescadores sólo muestran una sonrisa cansada ante las preocupaciones de los olímpicos. Su realidad pasa por otro lado.

Freddson Dos Santos Ferreira navega en una pequeña barca pesquera junto con su hermano, a la sombra de los grandes buques: "Nos prometieron que la bahía iba a estar un 80 por ciento más limpia. Nunca he visto a nadie aquí, la pesca es una basura".

El problema comienza ya en el supermercado. Con la compra de cuatro botellas de agua entregan cuatro bolsas de basura de plástico, que luego vuelan por todas partes hasta llegar al mar, ya que todavía no se pudo desarrollar un programa de prevención de residuos plásticos efectivo.

Y luego están los numerosos afluentes, los cuales están dirigidos exclusivamente a la bahía. "El agua es tan oscura como la Coca-Cola", dice Romario.

Leonardo Gryner, uno de los jefes de la organización local para Río 2016, señala un cuadro de la bahía colgado en la pared de su oficina. "Nunca hemos dicho que la Bahía de Guanabara iba a quedar completamente limpia", asegura. El objetivo ahora es el tratado del 80 por ciento del agua. Pero tratar no es limpiar, matiza Gryner, que asegura que se llegó a pescar un sofá.

El alcalde de la ciudad, Eduardo Paes, apuesta a que todo va a estar listo y en orden cuando arranquen los Juegos. Y Gryner enfatiza: gracias al evento, la problemática ambiental en la bahía será abordada por primera vez de manera adecuada. Uno de los objetivos de Río 2016 es organizar unos Juegos sostenibles.

La nueva Río que se sueña ofrece una infraestructura moderna y nuevas posibilidades de viviendas gracias a la Villa Olímpica, además de relucientes instalaciones deportivas para los jóvenes.

El estadio de esgrima y judo se convertirá en una escuela para 1.000 estudiantes después de los Juegos Olímpicos, mientras que el circuito para el canotaje mutará en una piscina pública. "No queremos elefantes blancos", aseguró Paes, para explicar que no quieren grandes instalaciones deportivas que cuesten mucho dinero y luego no tengan uso.

Pero aun así, los Juegos costarán casi 11.000 millones de euros (unos 12.000 millones de dólares). Para proteger a los atletas y a los invitados se destinarán 85.000 efectivos de fuerzas de seguridad. Además, las favelas fueron pacificadas y la tasa de homicidios es la más baja en los últimos 25 años.

Sin embargo, la ofensiva de seguridad en la ciudad también tiene su precio: un informe publicado por Amnistía Internacional indica que 5.132 muertes desde 2005 fueron a la cuenta de la policía.

El entusiasmo olímpico se mantiene dentro de los límites de la ciudad, pero casi todos los días se ve alterado por dos palabras en los periódicos locales: "Lava Jato", "Lava Jato".

¿Qué significa "Lava Jato"? Representa la operación de la policía federal brasileña, que investiga un gigantesco escándalo de corrupción en la petrolera Petrobras desde hace meses y que ya ha dejado tras las rejas a una docena de industriales y políticos.

Entre las constructoras investigadas está el gigante Odebrecht, que participa en el consorcio encargado de la construcción del Parque Olímpico, en la Barra de Tijuca, el principal escenario de competencias de los Juegos.

En la adjudicación de contratos -especialmente en relación con las construcciones del Grupo Petrobras- se estima que durante años se lavaron miles de millones. De acuerdo con declaraciones hechas por un ex director de Petrobras, un dos por ciento de la suma de los contratos inflados habría fluido hacia el Partido de los Trabajadores de la presidenta Roussef.

"Lo bueno es que se confirmó que la Policía Federal va a la raíz de la corrupción. Y ahora todos le temen", asegura el presidente de una fundación importante de Brasil.

Pero esto también significa un riesgo para Río: ¿Podrán estar listos todos los edificios y los estadios si se hacen públicos más escándalos? Sin el metro, los 40 kilómetros entre el Parque Olímpico de Barra y Copacabana amenazan con convertirse en un caos de tránsito.

¿Habrá nuevas protestas, como antes del Mundial de fútbol? El resentimiento crece entre muchos ciudadanos, ya que la economía está en declive y todo es más caro, mientras los Juegos consumen una gran cantidad de dinero de los impuestos.

A esta altura, la aprobación para Rousseff (7,7 por ciento) es inferior a la tasa de inflación (casi el 9 por ciento).

Una profesora de Río lo explica de esta manera: "Con el dinero de las personas pobres se construirán estadios a los que nunca podrán ir". Entonces, serán exitosos, pero no se identificarán como unos Juegos alegres, añade.

Sólo una cosa parece cierta. A pesar de la corrupción y las alcantarillas, sin dudas habrá buenas fotos de Río de Janeiro. Y también de la Bahía de Guanabara.