Yoga: las trampas del ego

La sociedad de consumo que hoy rige prácticamente todos los ámbitos de la vida económica, social y cultural de este planeta no respeta nada, ni siquiera, en teoría, los inmaculados terrenos de lo espiritual, y el mundo del yoga no es la excepción

Mente y cuerpo sanos
Mente y cuerpo sanos (La Afición )

Ciudad de México

Al contrario. Hoy el yoga está de moda y de hecho es una industria que genera millones de dólares. De acuerdo con el documental Yoga Inc., realizado en 2007, las utilidades generadas por esta industria ascendían a casi 18 mil millones de dólares, tan solo en Estados Unidos. La moda del yoga integra un problema al creer que por colgarse un mala (el rosario budista) o prender un incienso ya se está siendo "espiritual".

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El asunto es que el objetivo del yoga de unir mente, cuerpo y espíritu queda relegado ante la apabullante presencia de lo externo y lo material. La autora del sitio web laliayoga. com lo describe muy bien:

"Entonces te pones un mala, aunque no sepas para que sirve ni nunca lo uses, pero queda bonito, te dejas barba, por aquello de la energía o te afeitas, por la misma razón; te dejas greñas por el tema "de las antenas" o te rapas, exactamente por lo mismo.

Te vistes de blanco, por el aura, claro, o vas de negro, también por el aura, pero al revés o vas a la última con esa ropa tan mona que esa modelo más mona todavía ha diseñado especialmente para la práctica. Cuando se ha creado ese universo yóguico, ese mundo espiritual fashion, lleno de glamour o fanatismo... Entonces algo en mí se da de bruces con la incoherencia".

El maestro y autor Chögyam Trungpa definió el fenómeno en su libro Materialismo espiritual, donde habla de las trampas que acechan al buscador de estos preceptos: "Recorrer el sendero espiritual correctamente resulta ser un proceso sutil: No se puede emprender dicho camino con un salto ingenuo. Hay en el camino numerosos desvíos que solo conducen a una visión deforme y egocéntrica de la espiritualidad; nos convencemos de que estamos creciendo espiritualmente cuando en realidad solo fortalecemos nuestro egocentrismo por vía de las técnicas espirituales. A esta distorsión fundamental la podemos llamar materialismo espiritual".

El ego, ese enemigo que nos acecha de la manera más artera porque vive dentro de nosotros mismos, no solo no se disuelve cuando la atención se centra en lo externo, sino que se fortalece y empodera. El yoga se ha convertido en un producto más con la aparición de marcas de equipo, ropa y retiros en lugares exóticos, entre más caros mejor. Tapetes o mats, pantalones supersexys, botellas de agua con mandalas impresos, tatuajes de eclécticos símbolos sagrados, bolsas y toallas de materiales estrictamente orgánicos, seudogurús catapultados a rock stars y embriagados de soberbia espiritual... La lista podría seguir hasta el infinito.

Bienvenidos al mundo occidental y su obsesión por la forma. De hecho es justamente el aspecto físico, el de las asanas o posturas, el que busca la mayoría de la gente que se acerca al yoga. B.K.S. Iyengar, uno de los maestros que más contribuyó a extender esta disciplina fuera de India, insistía:

"El yoga no es físico. Es una ciencia que nos permite sostener saludablemente la mirada en el alma", y llamaba a sus alumnos a estar siempre "atentos a la corriente de conciencia espiritual que tiene que fluir en cada movimiento y cada acción". Pero todo esto no tendría ninguna importancia si la parafernalia alrededor del yoga no afectara al practicante.

La gran pregunta que habría que hacerse es si nuestras vidas están cambiando hacia una visión más compasiva, presente y clara. Pero si nuestra habla y acciones siguen igual de oscurecidos, algo no está marchando bien. Todo es cuestión de observarse con honestidad, esa es la única forma de saber si somos presas del materialismo espiritual y nuestra "práctica" es una más de las formas del autoengaño del ego.

Los tres señores del materialismo

Según Chögyam Trungpa en su libro Materialismo espiritual, hay tres señores del Materialismo. El primero es El señor de la forma y se refiere a la búsqueda neurótica de seguridad y placeres físicos. La sociedad tecnológica actual es un claro reflejo de esto, pues crea la ilusión de un mundo manejable, seguro y predecible. El segundo, El señor de la palabra, nos habla de las preocupaciones neuróticas impulsoras de la creación de un entorno seguro y controlado.

Por ello, nos aferramos a nuestros placeres. Nos muestra el uso del intelecto para relacionarnos con el mundo. Su producto más complejo son las ideologías, los sistemas de ideas por los cuales santificamos y justificamos nuestras vidas. Llámese nacionalismos, budismo, comunismo, ecologismo, punk... Estos conceptos actúan como filtros para protegernos de la percepción de lo que es.

Por último, El señor del pensamiento hace referencia al esfuerzo realizado por la conciencia por mantenerse consciente de sí misma. Este señor reina cuando hacemos uso de las disciplinas espirituales o psicológicas como medio para mantener nuestra autoconciencia. Las drogas, el yoga, la oración, la meditación, las varias clases de psicoterapia... El ego "abraza" estas actividades relacionándose mímicamente con ellas, negándose a desaparecer.

(Fuente: taichiychikung.blogspot.mx)

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