La mujer que asistió a Pyeongchang sin saber esquiar

La freestyler Liz Swaney buscó la manera de competir en los Olímpicos de Invierno en donde su actuación dejó impresionados a todos por no realizar ningún tipo de truco

Liz Swaney en los Juegos de Invierno
Liz Swaney en los Juegos de Invierno (AP)

Ciudad de México

La bajada de la húngara Liz Swaney por el half pipe de los Juegos Olímpicos de invierno de Pyeongchang se ha convertido en un fenómeno viral, pero no precisamente por la espectacularidad de sus acrobacias.

La freestyler dejó de piedra al público del Phoenix Snow Park cuando el lunes realizó su primer descenso al canal de nieve simplemente esquiando de un lado a otro, sin realizar literalmente ningún truco de dificultad.

El "speaker" de la prueba, que suele comentar las acrobacias de las competidores conforme descienden, se mantuvo en silencio durante la ronda de la húngara porque, realmente, no había mucho que decir.

Nacida en Estados Unidos, Swaney se enamoró de los Juegos Olímpicos viéndolos en la tele y buscó el medio de participar. Aprendió a esquiar a los 25 años, por lo que integrarse en el equipo norteamericano era sencillamente imposible, así que aprovechó que sus abuelos eran húngaros para nacionalizarse.

El half pipe es una disciplina en la que basta con no caerse para obtener una puntuación, así que Swaney, que también probó con el skeleton compitiendo para Venezuela, se dedicó a viajar por el mundo, pagándolo de su bolsillo, para reunir los puntos necesarios que le dieran la clasificación, utilizando siempre el mismo método.

El COI limita las plazas que pueden otorgarse por país y reserva algunas para naciones sin tradición con la esperanza de despertar el interés por la disciplina.

En Pyeongchang, la húngara obtuvo una puntuación de 31,40 puntos sobre 100, lo que la dejó en la última posición de las 24 participantes.

"Quiero inspirar a la gente para que hagan deporte o afronten nuevos retos a cualquier edad en la vida", dijo la esquiadora, cuyo mensaje recuerda mucho al de otros exóticos competidores en los Juegos de invierno como el puertorriqueño Charles Flaherty, el mexicano Germán Madrazo o el tongano Pita Taufatofua.

Flaherty, que aprendió a esquiar hace cuatro años, terminó 38 segundos por detrás del ganador del slalom gigante, mientras que Madrazo y Taufatofua pelearon por no ser el último en los 15 kilómetros de esquí nórdico.

El mexicano no pudo evitarlo, pero pese a entrar a casi 26 minutos del ganador, lo hizo con la bandera de su país en la mano y con el mismo discurso motivacional. "La moraleja es que nunca hay que dejar de luchar", dijo Madrazo, que cumplió con su anhelo olímpico a los 43 años, pese a que nunca se había puesto unos esquís en los pies hasta hace 12 meses.

Madrazo y Taufatofua, que ya piensa en un deporte de agua para Tokio 2020, representan a su país, pero el rodeo de Swaney hasta Hungría y su modesta presentación en Pyeongchang se convirtieron en un fenómeno viral que llevó al Comité Olímpico Húngaro a replantearse los criterios de selección.

"No quería avergonzar a nadie", le dijo la esquiadora al diario húngaro "Bors", que se hace eco de una polémica que el deportivo magiar "Nemzeti Sport" resume así: "¿Inspiración o mal chiste?"