“El karate lo tengo aquí, en la sangre”

Bailar hawaiano era lo que ella tenía en mente, pero no pudo entrar

Puebla

Hoy, el nombre de Merillela Arreola es sinónimo de grandeza dentro del karate a nivel mundial, sin embargo para alcanzar las alturas dentro del arte marcial, la oriunda de Morelia ha debido sortear diversos pasajes que la han colocado a la par de las grandes, entre ellas la excampeona internacional, Yadira Lira.

El primer acercamiento con el mundo del karate fue para Arreola Ferreyra casi producto de la casualidad, pues cuando el baile hawaiano era lo que ella tenía en mente, finalmente el mundo “de la mano vacía” fue lo que a ella atrapó, incluso por encima de su hermano quien en un inicio pensaba desarrollarse en la disciplina.

“Fue a los nueve años y no fue así como que yo quisiera practicar karate, con mi hermano siempre fui muy unida, a él le dijeron que tenía que hacer karate, yo iba a entrar a hawaiano, pero por los horarios ya no se pudo dar, entonces mi mamá me pregunta ‘¿tú qué vas a hacer?’, y fue cuando decidí a entrar con él, para ver qué hace. El primer día nos tocó clase de avanzados, vimos a los cintas negras, a los cintas cafés, con mi maestra Elvira Espinoza, quedamos fascinados, mi mamá dijo ‘¿hasta dónde van a llegar?’, la respuesta fue ‘hasta cintas negras’, pero a menos de una semana ya nos queríamos salir, pero ella nos insistió que hasta entregar la cinta negra podíamos dejarlo”.

A pesar de los golpes que a lo largo de la práctica del karate recibió, Merillela encontró en el arte marcial un modo de vida, en el que al cabo de seis años, conquistó diversos títulos a nivel país, incluso dentro de la Olimpiada Nacional, lo que consagró con la obtención de la cinta negra, que lejos de marcar el fin, fue el inicio de una fructífera carrera.

“Tuve que pasar un proceso porque me pegaban y me hacían llorar, fue irme acostumbrando a los golpes, o más bien, antes de que me dieran, pegarles y los resultados se empezaron a dar, en ese entonces el que era el entrenador de la selección estatal de Michoacán me dijo ‘que esto no se quede en una medalla nacional de Olimpiada, puedes llegar a una Selección Nacional’”.

No obstante, el camino a la grandeza no fue fácil, pues como en toda contienda, las caídas y las derrotas llegan como enseñanza de que se puede ser mejor, cuestión que ella asimiló a la perfección y no se detuvo pese a que por momentos los resultados le hicieron poner en duda su calidad como karateca.

“Entré a competir, pero no me fue muy bien, entonces me propuse el objetivo de llegar a Selección Nacional, se dio dos años después, la primera competencia fue un Panamericano Juvenil en Canadá, tenía 17 años, quedé en quinto, pero no fue suficiente, yo quería una medalla Panamericana, se dio dos años después en el Panamericano de Uruguay que logré el bronce, pero no me gustó el bronce, yo quería ser campeona”.

[b]LA ARQUITECTURA, SU OTRA PASIÓN[/b]

Sin embargo, no toda su pasión se resume al karate, pues a la par de los éxitos en materia deportiva, la escuela fue siempre un pilar importante, y fue ahí donde desarrolló más habilidades hasta concluir con el título de arquitecta, que es lo que a ella mueve a nivel personal.

“Soy arquitecta por el Tec de Monterrey en Guadalajara, entidad por la que competía, ahí di el brinco de juvenil a adulto, donde me llamó la atención el llegar a Juegos Panamericanos, Centroamericanos. Entrenaba, me desvelaba, mis compañeros me decían que dejara el karate, pero es algo que a mí me gusta, me desestresa, en ese lapso competí en mi última Olimpiada Nacional a los 20 años en Acapulco, la gané, llegué a selectivo para Panamericano y lo gané, pero no pude después, me quedé con el bronce, entré a adultos en 2008, fue cuando le gané a la campeona de Panamericanos aunque quedamos en quinto, al siguiente año fui campeona Centroamericana, en 2010 vuelvo a ganar, en Panamericanos fue bronce y de ahí llegué al Mundial en Serbia, no pude ir a la final, quedé novena y eso me impulsó a buscar de nuevo el podio”.

Fue justo durante su experiencia en tierras europeas cuando conoció a una de las personas que cambiaría su vida deportiva por completo, la campeona Yadira Lira, quien le dio un giro total, cambiar su residencia a Puebla, lo que trajo como consecuencia los éxitos a nivel mundial.

“En ese Mundial fue donde Yadira Lira ganó, yo me acerqué a ella a preguntarle qué era lo que me hacía falta, ella respondió que era rápida, fuerte, pero que técnicamente me hacían falta detalles, me ofreció hablar con el maestro Koichi Choda, que es experto en esto, hablamos con él y me dijo que había mucho por trabajar, que no sería de uno, dos o tres meses, en ese lapso ya había dejado de trabajar en Jalisco, me iba a regresar a Michoacán, pero me invitaron a venir a Puebla y no lo pensé”.

Dejar su vida atrás, sobre todo cuando la arquitectura a le abrió un nuevo panorama a nivel profesional, no fue nada fácil, sin embargo el plan de vida que Arreola tiene trazado le permite vivir una cosa a la vez, donde el karate es su prioridad y lo que le ha permitido también disfrutar de otro tipo de triunfos.

“Ha sido algo complejo, una de las decisiones más fuertes que tuve que tomar, fue precisamente eso, o la carrera o el karate, porque yo ya estaba trabajando en Patrimonio Cultural en Jalisco, me apoyaron muchísimo, en mis competencias, en mis entrenamientos, antes de salir a la Copa Norteamérica me avisan que ya tengo una plaza, con prestaciones, que podía ir a mis competencias, pero yo estaba justo en la contienda, a pesar de lo buena que fue la oferta, no pude hacerlo, necesitaba más tiempo con el karate, me entendieron, me sentí bien, la gente me decía que hice mal, pero yo siento que no fue así, porque no iba a ser feliz, me gusta la arquitectura, amo la arquitectura, pero el karate lo tengo aquí en la sangre”.

Es gracias al apoyo de la Universidad Interamericana de Puebla que ha podido desarrollar sus pasiones a la par, pues ahí encontró un nicho para compartir sus conocimientos y experiencias, lo que a ella ha servido para costearse lo que el karate demanda, en una ciudad que ha hecho propia y a la que ha sabido adaptarse.

[h2]Desarrollo como arquitecta, entre las metas a lograr[/h2]

El espíritu aventurero de Merillela Arreola la ha hecho salir adelante, pues si bien por momentos se ha quedado sola, el lazo forjado dentro del karate la ha fortalecido, cuestión que su familia reconoce, ya que sin importar la distancia, el apoyo es permanente, lo que para ella es fundamental en los logros alcanzados.

“Algo que mi mamá siempre nos dijo fue que nos preparó para que voláramos, mi hermana vive en Estados Unidos, mi hermano también estuvo un tiempo en Estados Unidos, yo me vine para Puebla, nos dijo que desde pequeños nos preparó para irnos, que no nos iba a cortar las alas, ha apoyando siempre nuestros sueños, las decisiones que tomáramos, porque son las que nos hacen crecer como personas, sé que su amor, su cariño siempre está conmigo”.

Aún cuando el karate ha demandado en ella muchas horas de esfuerzo y trabajo, ha sabido darse tiempo para su vida social, para los amigos, incluso las fiestas, siempre con orden y disciplina, reglas que le han permitido vivir una vida tan normal como cualquier joven de su edad.

“Hay tiempo para todo, tenía un amigo con el que vivía en Guadalajara que me decía ‘disfruta la vida’, siempre me proponía ir a la fiesta, salia a las tres de la mañana, de ahí desvelarme para hacer mis trabajos y entregarlos al día siguiente, él me ayudó a salirme del estrés de la escuela, pero no dejé de cumplir, previo a mis competencias descansaba y eso me motivó a decir que puedo divertirme, hacer los trabajos, tener vida social, entrenar, competir y tener buenos resultados, todo se puede. Ahora entre mis clases, con mis alumnos, los entrenamientos, trabajo, en el día cumplo con mis obligaciones, en la madrugada trabajaré, el resto a dormir, pero todo se puede”.

No todo en la vida de Merillela se centra en colgarse medallas en el karate, pues entre sus anhelos están formar una familia, crecer como profesionista hasta llegar a integrar su propia empresa, lo que para ella será una presea de gran valor.

“Quiero tener mi empresa arquitectónica, quiero mi maestría en Italia, quiero poner mi despacho, aparte me gusta mucho toda la cuestión de motivación, las conferencias, quiero transmitirle a la gente esa parte. Me gustaría formar una familia, tener hijos, algo así como viejos por siempre”.

Mientras sucede, ella ha dispuesto de tres años más para alcanzar su metas en el plano deportivo, pues al término del plazo, buscará formalizar una relación y concebir un hijo.