El mundo de José Tomás

El reencuentro de un amor en la Feria de San Marcos en Aguascalientes; más que un mundo, un universo

AGUASCALIENTES

La Feria de San Marcos en Aguascalientes vive su propia fiesta, inmersa en su propio mundo. Con ríos de gente que abarrotan los pabellones; exposiciones, bares, conciertos, restaurantes. Una congregación de rostros y posiciones sociales de lo más variado.

Pero en ese micro universo hay quien también tiene su propio mundo, y se llama José Tomás. Haciendo valer aquello de que un 'viejo amor no se olvida', sin importar distancias físicas o las dictadas por cronos, Tomás regresó a su plaza, la misma que orgullosa exhibía un pendón enorme con la leyenda "De mi sangre bañé tú ruedo, de tú sangre llené mis venas. Aguascalientes".

Y es que el mito del toreo regresó a la Monumental ya cumplidos cinco años de aquella trágica del 24 de abril de 2010, cuando el toro Navegante lo puso en agonía con una cornada brutal que lo tuvo al filo de la muerte, y es que Aguascalientes es la tierra en la cual José Tomás, ese torero leyenda, casi etéreo por su pocas apariciones, consiguió impulsar su carrera en su inicios, donde ha hecho amigos de sangre y donde los aficionados lo consideran su torero.

El simple anuncio de su nombre convierte en el epicentro del medio taurino cualquier plaza en la que se presente, como se vivió en Aguascalientes. La expectativa es notoria desde las largas filas de gente desesperada esperando conseguir alguno de los últimos boletos que se vendieron en taquilla.

Los números de la reventa, nunca precisos ni confiables, hablaban desde los dos mil pesos para un boleto de sol general, con precio normal de 150 pesos, hasta los más de 30 mil pesos por una barrera. Hubo quien pagó 7 mil 500 por una entrada de tendido y argumentaba que había tenido suerte, que había sido un buen trato.

El cerco de seguridad no era el mismo de otras tardes, la oficina de prensa hervía en busca de una codiciada acreditación: medios nacionales, españoles, colombianos, franceses, entre otros, todos querían dar cobertura al suceso; aún con las consabidas restricciones que impone la oficina de prensa de Tomás. Adentro de la plaza, dos horas antes, los tendidos generales se comenzaban a llenar.

Había que buscar un lugar, no importaba la espera, mucho menos el peso a plomo de un sol inclemente. Los afortunados, famosos o poderosos, llegaron más tarde para ubicarse en las localidades más enviadas. Ahí fungían de testigos de calidad personajes de diversos ámbitos, como Alberto Bailleres, Diego Fernández de Cevallos; Napoleón, Carlos Loret de Mola, entre muchos otros, y eso sin contar al extenso jet set taurino, compuesto de ganaderos, empresarios y matadores.

El mundo taurino encontraba en el ruedo de la Monumental su eje. El momento más esperado llegó en punto de las seis de la tarde cuando, el español hizo el paseíllo en medio de una ovación estruendosa. Todo giraba en torno a su figura.

Para las estadísticas quedarán con el registro de las tres orejas conseguidas, para los asistentes fue el reencuentro de un viejo y cada vez más intenso amor de la tierra de "Aguas"; para el resto de los asistentes, es la constancia de haber estado en el centro de un mundo que gira en torno a un torero de nombre José Tomás.