Rafael Ortíz, exhausto si, nunca aburrido

Desde temprana edad, el kayakista capitalino comprendió que no sería feliz si solo se sentaba a ver la televisión, hoy se ha convertido en una referencia para su deporte  

Rafael Ortiz
Rafael Ortiz (Cortesía )

CIUDAD DE MÉXICO

De hablar cordial y energía en cada frase y mirada atenta, Rafael Ortiz —ama que le digan Rafa, quizá para evitar solemnidades—, parece incluso aburrirse un poco mientras escucha las preguntas de la prensa.

Es simple, lo suyo son los deportes extremos y cualquier instante fuera de ellos parece una pérdida de su valioso tiempo vital. Cuando no está descendiendo las más peligrosas cataratas de Palouse de 57.6 metros, en su kayak, hace snowboard, o bicicleta, o está activo, buscando una forma de "vivir mi vida, no estar sentado viendo la tele, viviendo a través de otros".

Rafa recibió ayer el reconocimiento de "Ciudadano del Mundo", un trofeo del globo terráqueo descansa en su regazo mientras habla de sus fascinaciones y, sin embargo, lo primero que hizo este joven de 28 años fue preguntarse: "¿por qué a mí, que soy un joven loco?" Parece extraño que ahora Ortiz esté donde el año pasado estuvo Nuria Diosdado, una deportista, sí, más convencional, no un adicto a la adrenalina como da la impresión Rafa.

Por eso, aunque Ortiz escucha paciente, no oculta su deseo de estar allá afuera, en perpetuo movimiento, en donde alguna hazaña de la resistencia pruebe su temple y su matemático conocimiento adquirido en la ingeniería en la Ibero.

Él irá adonde el peligro le espere, mientras contempla las maravillas naturales que son uno de los placeres de la peligrosa ocupación que eligió, que le ha permitido viajar a Nueva Zelanda, India, Pakistán (el viaje más formativo de su carrera y vida), Brasil y algunos países de África.

¿Qué sentimientos tienes al recibir este reconocimiento que también recibió Nuria Diosdado el año pasado?

Es una emoción increíble, es un orgullo, a través de esta carrera he tenido la oportunidad de viajar, de tener un intercambio cultural increíble, ver que somos más los que compartimos estas ideas (de las aventuras y viajes). Algo que llama la atención es que tus padres te hayan dejado iniciar una carrera en los deportes extremos cuando aún eras muy joven y aunque todavía lo eres, es obvio que cada que te subes al kayak arriesgas tu vida... Agarré el kayak a los 14, y es diferente, es mucho más seguro patear un balón que pilotar un kayak, pero también existe una educación muy interesante en cuanto a los riesgos, aprendes que no te puedes meter al río solo, que tienes que estar con tu equipo, y también cargar equipo de seguridad y existe una educación que a mí desde joven me enseñó a tomar mis decisiones por mi seguridad y por el equipo en conjunto. Me aventé tres años enteros persiguiendo las cataratas del Niágara, preparación física, mental, económica. Todos los días pensaba, leía, me documentaba, platicaba con otros kayakistas acerca de la caída, que era de las más peligrosas. Pero después de escuchar a amigos y a expertos, decidí que no era el mejor momento para hacerlo y ahí comenzó mi madurez.

¿Cuál ha sido el descenso de catarata más difícil que has experimentado?

Cada caída es diferente y es difícil decir, de escoger una sola, puedo poner como dos retos diferentes, la cascada más alta que he descendido, de 57 metros; no sé, un reto increíble, donde todo se reduce a un momento preciso en donde puedes hacerlo todo bien o equivocarte y tiene un alto riesgo, donde tu preparación de muchos años te ayuda. 

¿Cuál es el segundo reto?

Comparto con dos compañeros el récord mundial de mayor recorrido de río descendiendo una cascada de 35 metros, luego una de 30, 20, 10 y 15 metros. Básicamente, lo que hicimos es hacer este recorrido en un solo día y así impusimos una nueva marca mundial rompiendo los límites de lo que se hace en el kayak.

Como todo retador del peligro, es la adrenalina, pero, ¿crees que llegue un momento en el que tu misma familia, o tú, digas que ya es suficiente?

Claro, conforme vas creciendo. Mi mente va cambiando, yo me acuerdo cómo veía una cascada a los 19 o 20 años y es completamente diferente a cómo la veo a mis 28, y pues va madurando mi mente y mi juicio y sé que seguiré persiguiendo retos de diferentes tipos; pero claro, también va aumentando mi sentido de responsabilidad propia y con mis compañeros. Claro, el joven es arriesgado, pero llegará un momento en que deje de serlo… Para mí es una cuestión de encontrar un balance, entre responsabilidad, de cuidarme a mí mismo, pero también el seguir empujando mis límites y de seguir retándome y de paso al deporte.

¿Qué sigue para ti en 2016?

Estoy viviendo con mi mujer en un pueblito de 2500 habitantes en Washington, a la mitad de las montañas y ríos, y pues mi reto para este año es maximizar mi tiempo en mi kayak, yo estuve viviendo hasta agosto del año pasado en la Ciudad de México y para mí siempre remar implicaba salir de la ciudad, más un largo traslado, ahora mi objetivo es estar allá, manejo 10 minutos y ya estoy montado en mi kayak, por lo que mi intención es seguir remándole durísimo y mejorar mis técnicas.