El incierto camino a Río

A poco más de un año del inicio de los Juegos Olímpicos, diversas obras y reformas para su organización están incompletas; observadores apuntan a que no se terminarán en tiempo

Las protestas en las calles por los Juegos Olímpicos
Las protestas en las calles por los Juegos Olímpicos (Reuters)

RÍO DE JANEIRO, Brasil

A poco más de un año del inicio de los Juegos Es todavía un largo camino. ¿Está Río de Janeiro en condiciones de organizar los Juegos Olímpicos cuando solo restan 472 días para el inicio de las competencias?

Deportistas y observadores se formulaban esa pregunta el último viernes al presenciar el retiro de 43 toneladas de peces contaminados en las aguas de la Laguna de Freitas donde se disputarán las pruebas de remo y canotaje.

“No es fácil entrenar aquí, el olor es fuerte y uno siente náuseas entre tantos pescados flotando”, declaró el remero Joao Reze. Fuentes del Comité Olímpico Internacional, que pidieron mantener su identidad en reserva, expresaron críticas a la polución ambiental y el retraso de las obras.

El biólogo Mario Moscatelli aseguró que “también están contaminadas” las aguas de la Laguna Jacarepaguá, junto a la Villa Olímpica, y las de la Bahía de Guanabara, en mar abierto, donde habrá regatas de veleros.

“No creo que se puedan limpiar las aguas en un año, me temo que vamos a pasar una vergüenza enorme ante el resto del mundo”, se lamentó el mayor medallista olímpico brasileño, Torben Grael.

Mientras el ex campeón de navegación a vela alertaba sobre la polución en la Bahía de Guanabara, las autoridades anunciaban la suspensión de las obras que se realizaban en las proximidades del legendario estadio Maracaná.

Ante la andanada de críticas la presidenta Dilma Rousseff resolvió separar de la jefatura de la Autoridad Pública Olímpica al general Fernando Azevedo e Silva, luego de 14 meses de gestión.

Azevedo e Silva fue destinado al Comando Militar del Este, que integrará el Comité de Seguridad de unos Juegos que serán vigilados por miles de efectivos apostados en los estadios y las calles a ser recorridas por los atletas en el maratón con llegada en el Sambódromo, la pasarela donde cada año se celebra el carnaval mais grande do mundo.

Expertos brasileños viajaron a Boston para conocer el dispositivo antiterrorista montado luego del atentado de 2013. Por lo pronto los hombres del Comando Militar del Este y la policía permanecen en las favelas, escenario de una guerra de baja intensidad cotidiana contra el narcotráfico.

Una de esas colectividades fue visitada el viernes por el bicampeón olímpico de los 100 metros, Usaín Bolt, quien el domingo realizará una exhibición en la playa de Copacabana.

Aunque no hubo disparos durante el paseo de Bolt por la favela Mangueira, la guerra continuaba en otros puntos de la ciudad.

La presidenta Rousseff espera que el general Azevedo e Silva logre paciicar esas barriadas miserables donde han arreciado los combates desde marzo, costando la vida de varios civiles, entre ellos un ama de casa y un niño de 10 años.

Horrorizados, los vecinos asisten cada noche al fuego cruzado entre traficantes y militares en los morros (serranía) del norte carioca, no muy lejos del Maracaná y el Aeropuerto Internacional Tom Jobim, por donde desembarcará el grueso de los aficionados extranjeros que vengan a los Juegos.

Sin rodeos, el gobernador de Río, Luiz Fernando Pezao, declaró que la invasión policial-militar de las favelas se prolongará por años.

Dicho en otras palabras: que nadie espera un ciudad completamente pacificada la noche del 5 de agosto de 2016, cuando sea encendida la antorcha olímpica en una ceremonia que promete ser deslumbrante, a cargo del premiado director de cine Fernando Meirelles.