Mente y cuerpo sanos: Las olas, el templo del surfista

Asumiendo que algunas de las islas polinesias ya estaban habitadas en este periodo, la historia de esta disciplina se remonta a la época precristiana; durante la colonización fue prohibido por "inmoral"

Mente y cuerpo sanos
Mente y cuerpo sanos (Especial )

Ciudad de México

La religión tuvo un papel significativo en la vida de los antiguos polinesios y, desde luego, en actividades como el surf. Diversas investigaciones antropológicas señalan que hay indicios de la práctica de rezos a los troncos de los árboles que iban a utilizarse para hacer las tablas, y que había templos donde antes de entrar al agua, con cantos, oraciones y ofrendas, se pedía a los dioses se llevaran las olas pequeñas y trajeran las grandes. Se cree que Hawái no fue el lugar en donde se originó el surf, sin embargo, es el sitio donde evoluciona.

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En esta isla del Pacífico, cuna de algunas de las mejores olas del mundo, los sacerdotes locales conocidos como kahunas tenían a su cargo conducir las competencias de surf con estrictas reglas y comportamientos: "Para una persona, relacionada cercanamente a los flujos y reflujos de los ciclos naturales, el surf era una técnica y guía para aprender las leyes de la naturaleza. Algunas veces se referían a esto como Ka Nalu, o literalmente "estudio de una ola".

Según refiere la Enciclopedia del Surf, esta actividad era un medio para experimentar directamente las ideas de armonía y ritmo que son bien representadas durante el juego mutuo entre el surfista y la ola. Kanaloa, el dios hawaiano de los océanos, junto con Kane, dios de la creación, son a quienes los kahunas dirigían sus plegarias y ofrendas. Los sacerdotes dedicaban cantos y danzas rituales, a fi n de complacer al mar para que éste, a su vez, enviara buenas olas para surfear.

"El océano con todo su misterio, ia (pez), que da vida y kai (agua), eran muy reverenciados y respetados como componentes esenciales de sobrevivencia para los antiguos hawaianos. El mar era cuidadosamente estudiado, sus corrientes y mareas eran observadas en detalle: El surf no era sólo un divertimento, requería de gran habilidad, energía, flexibilidad y equilibrio. Un hawaiano que pudiera dominar el arte del surf, entre otras habilidades oceánicas, era muy respetado en la sociedad. Los jefes de alta jerarquía (alii), tenían reservados los mejores puntos en cada isla y practicaban con las mejores tablas".

El llamado "deporte de los reyes" fue avistado por primera vez por un occidental en 1778. Luego de la llegada del capitán inglés Cook a las islas, el teniente James King fue el primero en registrar estas "extrañas" prácticas aborígenes. El capitán Cook y su tripulación, según cuentan las crónicas, estaban impresionados por la agilidad y dominio de los isleños sobre las olas. Lo cierto es que la colonización trajo con ella a los misioneros escoceses y alemanes que acabaron prohibiendo diversas tradiciones polinesias, incluyendo el surf, por considerarlo inmoral.

A principios del siglo XIX, había desaparecido casi por completo convirtiéndose en una actividad clandestina. Es a finales de este siglo cuando el surf experimenta un renacimiento gracias a reportajes que los escritores Mark Twain y Jack London publicaron fascinados por esta práctica.

Muchas culturas austronésicas o meridionales del Pacífico practicaron el deslizamiento de olas. En Samoa le llamaron fa'ase'e o se'egalu; en Tahití, choree; en Nueva Zelanda, whakarerere; en Hawái, he'e nalu, y en Perú, tup.

DANZA SAGRADA

"Dicen los viejos kahunas que Dios creó primero el mar, luego la tierra y más tarde los fenómenos atmosféricos. Cuenta la leyenda que el mar se enamoró de la tormenta y la sedujo arrastrándola a las profundidades, donde tuvieron un idilio del que nacieron las olas (nalu).

Estas vagaron durante años por las profundidades y Dios, al observarlas, se sintió complacido. Tiempo después, Dios creó al hombre e hizo para él un paraíso volcánico. Pero al ver que el hombre de vez en cuando se sentía vacío y necesitado, ordenó a las olas que fueran en su busca.

Éstas, en un alarde de fuerza y energía, cruzaron los mares en forma de ondas hasta llegar a la costa. Al contemplarlas, el hombre se rindió ante tanta belleza y, en un gesto espontáneo de amor y desprendimiento, hombre y ola se fundieron en una danza sagrada, que se llamó choree (surf). La danza de alabanza a Dios entre el hombre, la tormenta y el océano".


UNA PRÁCTICA ECUMÉNICA

Rabino surfista

Para el rabino Najum Shifren, autor del libro Surfi ng Rabbi, experimentar el poder del océano encendió el deseo de conectarse con sus raíces judías. Criado en el agnosticismo, Shifren se convirtió en un rabino ortodoxo , fundador la Asociación Internacional de Surfers Judíos a partir de su afición por el surf. Este rabino de la tradición hasídica dice que si quieres conocer a Dios, debes aprender a surfear y explica las similitudes entre el surfismo y el misticismo: "La realidad última del alma es dejar el cuerpo, para ser trascendido en la fuente del alma misma, que es Dios. Muy pocos surfistas son conscientes de la conexión cabalística con el alma, solo les interesa divertirse. Sin embargo, deslizándote a 50 millas por hora hay este sentimiento de no estar conectado al cuerpo; este punto puede compararse al éxtasis místico".

El Sacerdote del Surf

El fraile franciscano Christian Mondor, a sus 80 años, no solo es un sacerdote californiano que practica surf o un surfista que por casualidad es sacerdote. La fe de Mondor, según explica la publicación web sobre surf The Inertia, parece tener sus raíces profundas en la conexión con el océano como una creación divina: "El agua como símbolo de la presencia de Dios tal vez nunca se sienta tan apropiadamente como en una tabla a la mitad del océano. Es ahí, donde se alternan la actividad y la calma, que es donde surge la esencia de la espiritualidad del surf. Es un espacio de contemplación en silencio. El tiempo entre las olas es un momento maravilloso para rezar y estar agradecido."

Surfeando el samsara

El surfer budista Jaimal Yogis describió una relación similar entre las olas y la espiritualidad, relatando una conversación con el maestro Ajahn Amaro, quien usó la metáfora del surf para explicar el samsara, el concepto budista del ciclo de nacimiento y muerte. Yogis llevó la comparación un paso más allá afirmando que el surf no solo ayuda a la gente a entender el samsara, también los puede ayudar a controlar el caos que éste produce:

"Creo que el surf nos puede enseñar a manejar el samsara, incluso a disfrutarlo, como una ola y continuar mirándolo a través de su naturaleza ilusoria. Uno de los grandes descubrimientos de las tradiciones budistas Mahayana y Vajrayana es el darse cuenta que el samsara es, en realidad, nirvana: Que no hay necesidad de escapar porque todo es originalmente puro y perfecto. De alguna forma el surf me ha enseñado eso".