Maratón para 'dummies'

Nuestra enviada Susana Moscatel te cuenta 'el color' de la edición número 30 del Maratón de Los Ángeles.

Los Ángeles, EU

Desde hace más de una semana nos llegaron los mails amenazantes a todos los participantes del maratón numero 30 de las Ciudad de Los Ángeles . “El próximo domingo los pronósticos indican que se romperán récords de temperatura en Los Ángeles, por favor tomen en cuenta esto al correr su maratón este fin de semana”.

“Bravo por mí”, pensé. "Llevo más de dos años entrenando para esto y ahora voy a acabar pegada como chicle en alguna banqueta de Sunset Boulevard en mi primer maratón completo". Pero nada me iba a disuadir. Llevaba dos años entrenando, primero empíricamente, y después con mi coach, amiga de la infancia y Ironwoman, Ruth Atri. ¿Qué es el calor cuando hay hermosos bomberos abriendo los hidrantes para que los corredores chapoteáramos en ellos? Esa promesa en sí me regresó la esperanza.

A pesar de ello, los organizadores del gran evento decidieron que teníamos que salir 40 minutos antes desde el Estadio de los Dodgers para evitar el sol de mediodía (me dio ternura que estuvieran tan convencidos de que terminaría los 42 kilómetros antes de las 12) e incrementaron la hidratación a más no poder, con todo y su insistencia de que no dejáramos pasar ni uno solo de los puestos donde había líquidos y electrolitos. 

Cada quien corre por motivos distintos. Una noche antes, el mesero de mi hotel, un peruano a todo dar, me preguntó que qué haría con los 150 mil dólares cuando los ganara. “¿!Con los qué!?”, lo miré sin entender. Por él me enteré qué se acabaría llevando quien ganara la carrera. “¿Me ves cara de keniana o qué?”, le pregunté una noche antes. “Ojala lo fuera”, rematé. Y no me equivoqué, siendo que el primer lugar, Daniel Limo, logró el triunfo con solo 2 horas 10 minutos 36 segundos. Va más allá de mi comprensión. Varios norteamericanos calificaron para buscar su lugar en los próximos juegos olímpicos en esta carrera también. ¿Yo? Yo quería acabarla sin detenerme (lo logré) y en una sola (aunque adolorida) pieza.

¿Supongo que ahora quieren saber mi tiempo para reír, correcto? ¡Pues nada de eso! Les diré que fue mucho mejor de lo que imaginaba, pero nada comparado con estos señores. Lo que sí quiero compartir es un dato que la mayoría de las mujeres del mundo se guardarían. Tenía una meta muy particular desde que hace varios años hice cambios radicales en mi vida y en mi salud. Dije “tengo que correr los 42 kilómetros a los 42 años”. ¿Que si me preocupa contarles mi edad? No. No si hoy pude acabar con dignidad y entereza mi primer maratón entero. Al contrario. No podría estar más orgullosa.

La madrugada fue hermosa en el Estadio de lo Dodgers, la salida fluida y nuestro paso firme. Recorrimos desde Hollywood, Chinatown, secciones mexicanas, Beverly Hills, Sunset y todo, todo Santa Mónica. Pero les aseguro que los  26 mil participantes originarios de 50 estados y 55 países que estábamos ahí, sentimos que todo valió la pena cuando el mar del muelle de Santa Mónica nos recibió paralelo a la meta.

En el camino nos encontramos con todo, pero sobre todo con esos personajes que se paran ahí horas y horas buscando darte inspiración. Como ocurre también en México y en gran parte del mundo, se nos ponen muy creativos y hasta emotivos. Mis favoritos fueron las 5 enormes fotografías del actor Ryan Gosling con el dicho “Te espera en la meta”. El que más  me hizo reír más fue uno que decía “corre como si Kanye le quisiera dar tu medalla a Beyoncé”.  Estaba el ya clásico “A que ayer penabas que esto era una buena idea, ¿no?”. El que de plano me hizo gruñir venía de un señor con sobrepeso tomando cerveza y levantando con flojera su letrero que decía “Hay que ser idiota para correr, pero se requiere ser cierto tipo de idiota para correr un maratón”. “Gracias, gran monumento a la comida rápida y a la diabetes”, pensé. Pero no me pude quedar en modo grinch. Cada milla, aproximadamente, había alguien sonriente con un letrero que decía “¿Sabes? No te conozco, pero estoy MUY orgulloso de ti”. ¿Y saben? Debo admitir que para ser mi primera vez, yo también.