Ganado de lidia, bravura y defensa pura

Desde su nacimiento hasta la novillada o corrida, el toro de lidia atraviesa por un estricto régimen de formación; José Tomás volverá a lidiar cara a cara con uno de ellos en la 'Monumental'

Toros de lidia
Toros de lidia (torosdelidia.org.mx)

Ciudad de México

Fue un 29 de noviembre de 2009, en un mano a mano con Arturo Macías, la última vez que el maestro José Tomás engalanó con su presencia la ‘Monumental’ Plaza de Toros México. Después del accidente en Aguascalientes, donde el toro ‘Navegante’ puso en entredicho su carrera en los ruedos, no había vuelto a pisar este terreno bendito para los amantes de la tauromaquia.

Este 31 de enero, el matador vuelve a la Ciudad de México en un mano a mano con Joselito Adame.

Pero estas espadas no serán las únicas protagonistas ese domingo en la arena, pues dicho espectáculo no sería nada sin los toros. Ganado de lidia criado bajo un estricto régimen de calidad, desde su nacimiento hasta el momento de ser enviado a la fiesta brava.

Jorge Cárdenas, director de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, explicó en una charla con La Afición cómo es la vida y el entorno de un ganado que “logra preservarse” gracias a las corridas.

LOS CRIADEROS

En México existen alrededor de 260 ganaderías afiliadas a la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, aunque no todas tienen el mismo mecanismo de formación, ya que para ello influye tanto la ubicación geográfica como el tamaño de la ganadería.

“Hay ganaderías que tienen muchas hectáreas pero con pobres condiciones de clima en el norte del país y parte del centro, pero que tienen que ser balanceadas con otros complementos. Por el otro lado hay ganaderías muy pequeñas, con pocas hectáreas pero con condiciones de clima más favorables, donde se crece buen pasto y a su vez tienen la posibilidad de mantener a los toros en corrales donde también se le puede dar alimento”, explicó Cárdenas.

A estos tipos de recintos se les conoce como ganadería de pastoreo, de tabulación y la de semi-tabulación, que es una combinación de las primeras dos.

DIVISIÓN DE CABEZAS

Un dato a considerar es que no todos los ejemplares del ganado de lidia están destinados a las corridas o novilladas, pues este grupo representa, en promedio, solo el diez por ciento de las cabezas de un ganadero, de hecho, lo ideal es que el mayor número de animales sean vientres que eleven el índice de parición.

“Si un ganadero tiene cien cabezas, y esas cien cabezas son vientres, lo mejor es que aproximadamente los índices de parición estén alrededor de este cien por ciento”.

FORMACIÓN

El crecimiento del toro de lidia se divide en tres eventos esenciales: El nacimiento, el destete y el herradero y la tienta.

“Prácticamente desde el primer día de nacido, hasta los más o menos nueve meses o un año, se tiene solamente un contacto con los caporales o los mismos ganaderos, que muchos, al nacer el becerrito o becerrita, los marcan con un arete para mejor identificación”, aseguró Jorge Cárdenas.

Una vez que el becerro cumple con esta etapa, es destetado y enviado al herradero, donde serán marcados y sometidos a “desparasitaciones, vacunaciones y algunos otros medicamentos que por la zona geográfica necesiten”.

Aquí también se separan los machos y la hembras, quienes vivirán por separado hasta convertirse en erales (cumplan dos años de vida) y estén preparados para la tienta.

La tienta consiste entre otras cosas, en “calificar, de acuerdo al criterio del ganadero, la bravura, fiereza y nobleza del animal”, y es prácticamente igual para ambos sexos, solo que en los machos sí se utilizan capotes o muletas.

Los resultados de estas pruebas definirán el destino de la manada, en el caso de las hembras, “si la aprueba regresará con el grupo de vientres para ser cargada por un semental, si no es aprobada lo que generalmente se hace es que se manda a rastro o se vende para alguna fiesta de pueblo”, explicó el directivo de la Asociación.

“En los machos después de comprobar su bravura y fiereza, el ganadero decide enviarlo a las diferentes plazas del país o considerarlos como sementales, porque es muy probable que ese animal sea muy bueno genéticamente”.

Jorge Cárdenas fue enfático al aclarar que el manejo durante los tres o cinco años que el toro pasa en la ganadería, es extremadamente cuidadoso, donde de acuerdo a las diversas instalaciones se trata de dar la mejor atención al animal.

“Hay muchas ganaderías con instalaciones muy buenas, donde gracias a las mismas, el animal va moviéndose por sí solo sin tener que gritarle o arriarlo, hay otras ganaderías donde no se cuentan con esas instalaciones, pero que cuentan con caporales muy capacitados para poder llevar a cabo todas estas faenas de campo”, añadió Jorge.

Cuando un toro recibe el indulto en una corrida, éste puede ser considerado por el ganadero como semental y volver a abrir la crianza del mismo.

El ganado de lidia es una raza totalmente diferente al ganado que es productor de carne o de leche, la raza del ganado de lidia es totalmente aparte. El instinto de bravura y defensa es totalmente nato, no hay como tal un entrenamiento, no se le enseña al toro a embestir, eso ya lo traen en sus genes.

PRESERVACIÓN

Como muchos amantes y defensores de la tauromaquia explican, el toro de lidia “nace, crece y vive para la lidia”, sin las corridas de toros sería imposible la crianza y la calidad de vida que esta especie tiene en las ganaderías, pues además muy poco porcentaje de estos son destinados a la fiesta brava.

"El número de cabezas que tiene el ganadero en su ganadería, digamos si son 100 vacas, podemos considerar que el 70 por ciento son los vientres, el otro 20 por ciento son los nacimientos y el otro 10 por ciento es lo que se destina a las novilladas o corridas”, explica José Cárdenas.

La inversión por parte de los dueños es muy grande, y sin las corridas, dejarían de pagar por la crianza del ganado de lidia al no representar una ganancia, lo que a la larga detonaría en la extinción de esta especie.  

“El toro de lidia tiene todo un proceso de tres, cuatro o hasta cinco años para que llegue a ese peso ideal, que estamos hablando entre 400 o 500 kilos, entonces toda la inversión que se le hizo por parte del ganadero para que llegara a este peso y que tuviera un desarrollo muscular idóneo para la lidia, es entonces donde al momento de venderlo el empresario es donde se incrementa este valor agregado”, finalizó.