Gretel Bergmann, la saltadora prohibida por el nazismo

Bergmann era en la década del 30 una de las mejores saltadoras del mundo y partía como una de las favoritas a subirse al podio en los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín 

Gretel Bergmann
Gretel Bergmann (DPA )

DÜSSELDORF

Su voz al otro lado del teléfono suena frágil, pero su postura se mantiene firme y serena. A sus 102 años, la ex saltadora alemana Gretel Bergmann no está dispuesta a olvidar lo que vivió durante el nazismo.

"Nunca, nunca, nunca", afirma en diálogo con dpa desde su residencia en el barrio neoyorquino de Queens, donde vive desde que tuvo que exiliarse de Alemania hace ya casi 80 años.

Bergmann era en la década del 30 una de las mejores saltadoras del mundo y partía como una de las favoritas a subirse al podio en los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín. Sin embargo, se le prohibió su participación por ser judía y fue reemplazada por los nazis por un hombre disfrazado de mujer.

"Estoy bastante bien. Mis piernas ya no quieren mucho más, pero estoy bien", cuenta Margarete "Gretel" Bergmann después de celebrar el 12 de abril su cumpleaños número 102.

Dos años atrás, cuando alcanzó los 100, Bergmann confesó que no esperaba llegar hasta tan avanzada edad. "Estoy sorprendida por seguir viva. He vivido cosas terribles, con los nazis cada día sabía que podía morir", dijo entonces.

Temiendo por su vida, Bergmann dejó su pueblo natal de Laupheim en 1937, un año después de los Juegos, y emigró a Estados Unidos. Prometió nunca más regresar a Alemania, pero lo hizo en 1999 para recibir el premio Georg von Opel, que suele distinguir a atletas que no recibieron su justo reconocimiento. En 2012 ingresó al "Salón de la Fama" de la Fundación Alemana para la ayuda al Deporte.

"Nunca quise regresar definitivamente", señaló Gretel Bergmann a dpa. En 1936, era una de las grandes figuras mundiales del salto en alto y dueña del récord alemán con una marca de 1,60 metros.

Ante la amenaza de boicot de los Estados Unidos, los nazis le permitieron preparar los Juegos de 1936 junto al resto del equipo alemán. Sin embargo, poco antes del evento fue excluida.

"Hubiera ganado el oro, no había otra posibilidad", afirma hoy aún convencida. Sin embargo, no se muestra muy segura de que un título olímpico hubiera cambiado su vida.

"No lo sé. He tenido buenos y malos momentos. Ya no pienso realmente más en ello", señaló a dpa.

El oro olímpico fue finalmente para la húngara Ibolya Csak, que logró una marca de 1,60 metros. En lugar de Bergmann compitió por Alemania Dora Ratjen, quien obtuvo el cuarto lugar. Sin embargo, tiempo después se reveló que era un hombre y su nombre real era Heinrich Ratjen.

"Era mi compañero de habitación. Nunca pensé que no era una mujer", recordó tiempo atrás Bergmann, que recién en 1966 se enteró del engaño.

Bergmann continuó su carrera en Estados Unidos, donde se convirtió en campeona nacional en 1937 y 1938. En 1939 se casó con Bruno Lambert, un médico exiliado de Alemania y que murió en 2013 tras vivir con ella casi 75 años. Sobre Alemania, donde murieron muchos familiares y amigos de ambos, jamás quiso saber nada.

"Odié a Alemania, las personas e incluso el idioma por lo que me hicieron a mí y al pueblo judío", dijo la ex atleta. En 1996, en una carta de lectores dirigida al diario alemán "Schwäbische Zeitung", señaló que la situación personal que debió atravesar es insignificante "en comparación con el destino de los seis millones de judíos asesinados".

Hoy, a los 102 años, asegura que debe "aceptar lo que pasó" e intentar seguir con su vida. Y ya se imagina celebrando los 103: "Me puedes volver a llamar, aquí estoy".