Esbozos de Adame y Silveti en la Nuevo Progreso

Momentos de angustia se vivieron con el percance que sufrió un espontáneo. Morante fue la decepción una vez más.


Guadalajara

Justo había salido al ruedo el primer toro de la corrida, cuando de la gradería de sol se precipitó al ruedo un espontáneo, que armado con un sarape intentó dar un farol de rodillas. Lo único que consiguió fue llevarse un golpazo en el rostro que retumbó por toda la plaza.

Acto seguido el infortunado espontáneo yacía inerte en el centro del ruedo, a donde acudieron a auxiliarlo los integrantes del servicio de plaza, pero para entonces el caos reinaba en el ruedo, y ante la acometida del toro de Celia Barbabosa, los monosabios dejaron caer al desmayado. La escena se repitió una vez, mientras los espectadores vivían momentos de angustia, hasta que por fin el espontáneo fue trasladado a la enfermería de donde salió para ser remitido con una conmoción cerebral a la Cruz Verde en calidad de detenido.

El incidente del intruso fue lo más emocionante que ocurrió en los toros de Morante de la Puebla, quien toda la tarde estuvo apático y displicente, actitud que el público se encargó de recriminarle toda la tarde con todo tipo de insultos.

Quien está en un plan de no creer en nadie es Joselito Adame. Su primer toro fue sustituido por lesión, y al de reserva lo aprovechó con el capote con verónicas a pies juntos y después con un quite por chicuelitas. En el último tercio dio muestra de la inteligencia y capacidad lidiadora que ha desarrollado para cuajar una faena en la que abundaron los derechazos de trazo largo. Lo bien realizado, lo echó a la borda con la espada.

La historia fue similar con su segundo, al que le instrumentó, para deleite del público, un quite por zapopinas. Con la muleta si bien su labor no fue tan intensa como en su primero, y para colmo volvió a fallar a la hora de la suerte suprema.

En un plan de entrega llegó a Guadalajara, Diego Silveti. Con su primero lució en la capa con verónicas y luego en un quite por mandiles. Pero lo grande se presentó con la muleta. Tandas templadas y de mucho aguante que supo aderezar con remates como el desdén. Para llegar finalmente al clímax con tres dosantinas en redondo y luego un cambio de mano, que provocaron la locura en los tendidos. Silveti tiene un mal karma con la espada, que de nueva cuenta lo frustró de conseguir un triunfo. Después de enfrentar a un toro de pocas condiciones decidió regalar un séptimo, con el que estuvo valiente y esforzado, pero de nueva cuenta, la espada fue su peor enemigo.