Entrega de Diego Silveti


CIUDAD DE MÉXICO

La segunda corrida de la temporada registró una entrada de lujo, cosa inevitable ante tan atractivo cartel: Zotoluco, Morante y Silveti. Partede la expectación se debía a los toros de Julián Handam que lamentablemente resultaron una decepción. Sosos, chicos y con poca cara, sin calidad y con peligro sordo son algunos de los adjetivos que podríamos usar.

Dos de ellos fueron devueltos por el público por su escasa presencia. Fue un fiasco ganadero. Sin duda, nos vimos con la fortuna de que los toros se encontraran con tres toreros que estuvieron por encima de todo y con dos reservas de Celia Barbabosa que cumplieron como debían.

Eulalio López El Zotoluco cortó una oreja al más potablede Handam. Hizo una faena limpiecita por ambos lados, sin arriesgar más, pues sus tiempos ya no están para ello. Mató muy bien y se llevó una oreja bien merecida. Cabe notar el mal detalle del Zotoluco de exigir con señas al juez la otra oreja que no merecía.

En su segundo, con un toro de Celia Barbabosa, lidió y mató sin hacer el mínimo esfuerzo situación que lo llevó a hacer pitado por el público. Morante de la Puebla toreó enorme con el capote, hizo un quite por chicuelinas, pegó una media verónica de escándalo hasta que el toro se paró dejando de embestir.

En su segundo estuvo muy bien con la muleta pegando muletazos de arte y pinceladas sueltas con mucho gusto. El público siempre estuvo
apoyándolo a pesar de que el toro terminó con muy mal estilo. Una bella actuación de José Antonio Morante de la Puebla con un lote
a contra estilo.

Diego Silveti se encontró con un toro de Handam que fue devuelto por falta de tamaño y se enfrentó con un Barbabosa que transmitió poco. Su segundo, el sexto de la tarde, fue el toro más hecho de la corrida. Desde el inicio Diego salió a triunfar; nunca pegó un paso atrás ni con
el capote ni con la muleta. Su entrega fue absoluta, el público no pudo evitar ponerse de pie y coronarlo con el grito de “torero,
torero”.

El toro buscaba las zapatillas para querer cogerlo, él, impávido aguantó con elegancia. Desgraciadamente pinchó en varias ocasiones lo que le
llevó a perder las orejas que se había ganado a pulso. La gente se queda con ganas de volverlo a ver, pues él, junto con Saldívar se ganaron un sitio en el corazón de la afición mexicana.

Incidencias: Con ganaderos así,como el Sr. Julián Handam, paraqué queremos antitaurinos. Éstaera una corrida pregonada portodas las redes sociales. Ojalá novuelva a pasar. Tarde calurosaque terminó en lluvia.