Destacable la última del año

El mexicano Federico Pizarro se recuperó y brilló durante la corrida 11 de la Temporada Grande de la Plaza México, mientras el colombiano Ricardo Rivera confirmó su alternativa.


Ciudad de México

Ante aproximadamente cinco mil espectadores, se celebró la undécima corrida de la temporada, en una tarde fresca y fría, pero sin viento. El cartel estuvo integrado por el capitalino Federico Pizarro, el moreliano Pepe López y el colombiano Ricardo Rivera, quien confirmó su alternativa, con una corrida de la ganadería de De Haro.

La tarde del domingo destacó el buen encierro de la ganadería tlaxcalteca de De Haro, compuesta por ocho toros cárdenos (seis de lidia ordinaria y dos de regalo), que en su mayoría se dejaron torear y fueron fuertemente picados, destacando los lidiados en segundo, quinto y séptimo lugar, aunque tuvieron desigual presencia algunos de ellos. Al finalizar la corrida, Federico Pizarro sacó al tercio a Vicente de Haro, quien recibió una fuerte ovación del público.

De los toreros, debe destacarse la labor de Federico Pizarro en el segundo de la tarde de nombre Gonzalero, de 530 kilos de peso, primero de su lote, ya que después de ser aparatosamente cogido al dar un doblón por el lado derecho, se levantó envalentonado para torear con clase y verdad por ambos lados, finalizando su labor con medios pases de cartel y manoletinas.

Mató de buena estocada para recibir una muy merecida oreja, teniendo petición de otra. En su segundo se topó con un ejemplar complicado que también lo tuvo entre los pitones, pero se repuso para finalizar de buena estocada y salir al tercio. Sin duda, es un torero que bien podría actuar como primer espada en carteles con las figuras extranjeras.

En la lidia ordinaria, Pepe López naufragó de manera lamentable, ya que nunca paró los pies en sus dos astados, viéndose falto de mando y sumamente frío (en su primero recibió un aviso y otros dos en su segundo, siendo fuertemente abucheado al finalizar su labor en el quinto de la tarde).

Sin embargo, regaló un séptimo toro que en verdad resultó muy bueno (Camorrero, de 480 kilos de peso), ejemplar que recibió arrastre lento exigido por el público. Se dejó torear bien por ambos pitones y López lo mató de gran estocada, recibiendo como premio una oreja. Para ser sinceros, era un toro que debía haber sido desorejado, pero la faena tuvo algunos altibajos y en ciertos momentos careció de temple.

Por su parte, el colombiano Ricardo Rivera confirmó la alternativa con un toro de bella estampa (Volcánico, de 550 kilos de peso), pero que se colaba por el lado derecho. Desafortunadamente, tras una prometedora serie de naturales desarrolló sentido, cogiendo al sudamericano, para de ahí en adelante hacerlo sudar la gota gorda y ponerlo a dudar en demasía. Mató de estocada entera, y tuvo silencio tras aviso.

En su segundo no paró los pies ni con capote ni muleta, y estuvo infame con la espada, ya que mató después de haber sonado dos avisos. Regaló un octavo toro que lo dejó estar más a gusto, pero pinchó. Es un torero que debe tener más aplomo y asentamiento para volver a esta plaza.

En cuanto a los subalternos, en la lidia ordinaria saludaron en el tercio Gustavo Campos y Cristhian Sánchez.

Fue la última corrida de este año 2013 en esta plaza, que nos ha dejado tardes muy interesantes. Esperemos que aún sea mejor el inminente 2014.