Alta montaña: a la conquista de uno mismo

Más allá del significado místico y la elevada energía que envuelve a las altas cumbres, para muchos alpinistas el objetivo del ascenso no es la aspiración espiritual

Ciudad de México

Para muchos, la práctica del alpinismo se centra en la búsqueda de emociones intensas que da enfrentar a la muerte, del logro heroico, del espíritu de conquista y la adicción a la adrenalina; en este sentido, el alpinista no sería diferente al saltador de bungee o a cualquier otro practicante de deporte extremo. De igual manera, hay quienes buscan las sensaciones de bienestar psicológico, de alivio físico y de fuerza vital que brinda la montaña. Al final todo depende de la finalidad que se persiga.

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De cualquier modo, se necesita una preparación rigurosa para llevar a cabo la práctica adecuada de la alta montaña y lo que, sobre todo, se requiere es resistencia, misma que se logra a través de ejercicios aeróbicos cuya clave es el oxígeno.

Los ejercicios aeróbicos aumentan la cantidad de oxígeno que puede aprovechar el cuerpo durante un cierto tiempo.

Los expertos recomiendan correr como el mejor ejercicio para generar resistencia. Correr, a diferencia por ejemplo de la natación o el ciclismo, exige un mayor esfuerzo, simplemente porque el corredor carga con su propio cuerpo.

Además de correr, se aconseja realizar ejercicios complementarios de tres tipos: abdominales (100 diarias es más que suficiente), de flexibilidad (10 minutos diarios ayudan a evitar lesiones como calambres, tirones o desgarres) y entrenamiento de pesas para fortalecer, principalmente, hombros, espalda baja, cuádriceps y pantorrillas. Las barras y los fondos también son muy recomendables. Y desde luego el ascenso constante de montes menores, van aclimatando al cuerpo para las difíciles condiciones de las cumbres más codiciadas.

A una altitud de 3 mil metros, según describe el Blog de Montaña Makalú77, un sujeto entrenado puede realizar una actividad normal sin modificaciones dietéticas especiales. Sin embargo, a altitudes superiores a los 4 mil 500 metros se produce un aumento del catabolismo, es decir, se consume más energía realizando el mismo esfuerzo, o dicho de otro modo, se necesita tomar más alimentos y calorías. Este aumento del catabolismo provoca en el alpinista pérdida de peso, de masa muscular y de grasa. Además de prever los menús para los días que dure el ascenso y llevar las provisiones necesarias, el alpinista debe salir en una situación metabólica óptima.

MEDITANDO PARA ASCENDER

Una mente concentrada y arraigada en el aquí y ahora puede hacer la diferencia para ascensos de más de 5 mil metros y qué mejor herramienta que la meditación. La capacidad de ir hacia adentro de nosotros mismos, conduce al reconocimiento y entendimiento de las emociones e incluso al dominio de las ansiedades. De dicha comprensión es posible rescatar la sabiduría que permite saber cómo resolver una situación y cómo transformar la energía de esas emociones en algo benéfico, en un motor que funcione como incentivo que impulse y no que frene la escalada.

Lo cierto es que todo alpinista desarrolla ciertas cualidades propias de su actividad como la subordinación de las necesidades personales a las necesidades del grupo: "Si uno logra la cumbre, nos coronamos todos". El alpinista tiene pocas posibilidades de autoengaño. Su gran antagonista es la montaña y a ella no se le puede mentir. Sabe que un autoengaño significa la muerte. El buen alpinista teme a la montaña, por lo que debe aprender a mantener un equilibrio entre el miedo y el valor. El verdadero oponente a vencer no es ni el frío ni la altura, sino uno mismo.

EL EQUIPO BÁSICO

  • Zapatos de alta montaña
  • Crampones o spikes
  • Una cuerda y piolet
  • Gafas de sol con máxima protección
  • Ropa caliente e impermeable


Everest y la zona de la muerte

No por nada, el difícil acceso a la cumbre del camino espiritual se ha equiparado con las cumbres de los Colosos ígneos. La cima del Everest, por ejemplo, ubicada a 8 mil 848 metros sobre el nivel del mar, es probablemente la más deseada por los alpinistas de alto rendimiento.

Lo que no muchos saben es que a partir de los 8 mil metros está la denominada zona de la muerte, donde hay una media de 36 grados centígrados bajo cero, aunque puede caer hasta los menos 60 grados. Además, en esta zona el oxígeno no se puede reemplazar tan rápido como se consume, por lo que si no se usa una bombona de oxígeno, el cuerpo se irá degradando hasta un punto de no retorno. La temperatura normal interna de nuestro cuerpo, es 37 grados en promedio, pero ésta tiende a bajar con mucha facilidad. Si desciende solo 2 grados, inicia el proceso de hipotermia, primero perdemos la conciencia y después disminuye el ritmo cardiaco. La muerte ocurre de acuerdo con los datos médicos, a 24 grados, que es cuando el corazón se detiene.