Alejandro Pacheco: El deporte lo rescató

El atletismo le dio una motivación para seguir viviendo, y en solo dos años se ha convertido en un referente mundial en los 1,500 metros para ciegos

Alejandro Pacheco
Alejandro Pacheco (Michel Trevilla)

Ciudad de México

Alejandro Pacheco Castillo, tenía 19 años cuando perdió la vista, hace seis, por causa de la drogadicción y del alcoholismo.

Cuatro años después encontró en el atletismo la forma de rehacer su vida, y en dos años de entrenamiento obtuvo la cuarta mejor marca a escala mundial en los 1,500 metros planos. Hoy se perfila como un representante más de México para los Juegos Paralímpicos de Río 2016.

Pacheco Castillo empezó en el atletismo hace aproximadamente dos años, ganó el Nacional de Atletismo de Ciegos y Débiles Visuales, en junio de 2014, que lo llevó al Grand Prix Lotería Caixa de Atletismo para Ciegos en Sao Paulo, Brasil, 2014, donde obtuvo una medalla de oro en 800 metros y otra de bronce en 1,500.

ALEJANDRO PACHECO PARTICIPARÁ en los selectivos de diciembre para clasificar a los Paralímpicos de Río 2016. Sus guías son Gabriel Urbina, Jorge Gaspar y César Belman.

Compitió en el Paratletismo Internacional CNAR en diciembre de 2014 ganando el primer lugar, lo que lo hizo clasificar a los selectivos en marzo de 2015 en Xalapa, donde obtuvo la marca de 4:17 minutos en los 1,500, colocándolo como el atleta con el cuarto mejor registro a nivel mundial. Es un currículo destacado, pero con Alejandro, parece que lo mejor no ha ocurrido todavía.

-Corres hace aproximadamente dos años, ¿cómo fue que te llamó la atención?

No conocía el deporte adaptado cuando quedé ciego. Estudiaba en la Escuela Nacional para Ciegos cuando la entrenadora Rosa Montalvo nos invitó a su equipo de atletismo y decidí ir. Me fue bien: tenía cualidades. Primero no creía en lo que prometían sobre las competencias; pero tras mi primer viaje supe que sí se podía.

-¿Cómo perdiste la vista?

Cuando estaba bien era un desastre. Usaba drogas, tomaba mucho y por una intoxicación neurocerebral perdí la vista en tres días. Al inicio, sí me costó trabajo acostumbrarme, pero sabía que había sido mi responsabilidad. Entré en una depresión, ya que no hacía nada, pero la controlaba haciendo ejercicio desde las 8 o 9 de la noche hasta las 6 de la mañana. No corría, solo hacía lagartijas o abdominales. Eso me ayudó a ganar resistencia y fuerza. Después decidí trabajar y estudiar. Me tomó dos años aceptar mi discapacidad.

-¿De qué trabajaste?

Me gusta hacer artesanías, accesorios, y ya tenía gente que me compraba la mercancía; pero no quería quedarme ahí. Vendí varias cosas. Un amigo me ayudaba. Nos íbamos en un diablito de pueblo en pueblo. Subíamos los cerros; a veces él jalaba, otras yo y él me guiaba. Tras juntar dinero llegué a la capital, pero se me acabó por la escuela. Por eso comencé a trabajar en el metro. No sabía andar en él antes, y por la preocupación y el cansancio he ido todo distraído y ya han sido cuatro o cinco veces que me caigo a las vías. Es un riesgo, pero es la única forma de sobresalir; de vivir, más que nada.

-¿Por qué el atletismo?

Es lo mío. Al inicio no me gustaba, pero supe que podía hacer algo (valioso) aquí, me acostumbré y me gustó. Es bueno correr, poder sacarlo todo. Llego cansado, pero sé que di lo mejor de mí. Ganar es una satisfacción.

-¿Qué te hizo destacar en dos años?

Entrenar, talento, esfuerzo y sacrificio. Dejé la escuela y a mi familia, -mi esposa y mi bebé de 5 meses-, que ahora están en el Estado (de México) con mi mamá, dado que vivo en el Paralímpico, un centro de concentración en el DF, porque los entrenamientos son todo el día.

Solo los veo los fines de semana, pero sé que es por algo bueno. Aparte, por haber quedado discapacitado de adulto ya estaba preparado. Pasé muchos años con trabajos pesados llegué con fuerza, pero sin resistencia; solamente me adapté.

-¿Cómo ha sido tu vida desde entonces?

Me gusta la vida riesgosa porque no todo es tranquilo. Gracias a los accidentes me he hecho más fuerte. El deporte me ha permitido valorar. Antes tenía todo, pero ahora no cambiaría nada de mi vida. Creo que el accidente fue lo mejor que me pasó. Antes mi familia estaba dispersa, ahora es diferente. Me ven con otros ojos: "le echa ganas", "ha viajado", "se esfuerza", dicen.

Me motiva que reconozcan el sacrificio. Ya me llevo mejor con mi familia. Estoy mejor que hace seis años. Ha sido difícil, pero es lo que me ha hecho crecer como persona: entender y comprender a la gente. Aún tengo mucho que aprender.

-Y tu objetivo son los Olímpicos...

Sí, entreno en las mañanas y en las tardes. A veces termino y sigo haciendo ejercicio porque quiero ser el mejor. Es bueno porque me motivo yo solo. Sé que todo esto es para mí y por eso es mejor pensar en esforzarme al máximo. Este es ya mi estilo de vida. Al final, (todo) es un riesgo, pero debo sobresalir.