400 eufóricos tapatíos celebraron el empate de México

La Minerva fue el punto de encuentro de los seguidores de la selección quienes disfrutaron la igualdad ante el conjunto Carioca. Las pelucas con chinos se vendían como pan caliente.

Al culminar el partido unos 400 aficionados de la selección nacional se dieron cita en La Minerva
Al culminar el partido unos 400 aficionados de la selección nacional se dieron cita en La Minerva (Carlos Zepeda)

Guadalajara

"Quiten La Minerva y pongan a Memo Ochoa", gritaba un eufórico aficionado a la selección nacional mientras la policía le quitaba una cerveza para evitar conflictos.


Memo Ochoa el ex jugador del América desbancó a los ídolos locales y fue encumbrado por encima de San Oswaldo y de Javier Hernández, hoy no había tiempo para nadie más. Guillermo I. El reinado de Ochoa en Guadalajara.


Al culminar el partido unos 400 aficionados de la selección nacional se dieron cita en La Minerva, ese lugar mítico reservado a las grandes hazañas deportivas fue asaltado por gente de verde y rojo que gritaban y celebraban, sí un empate que sabe a mucho, un empate que sabe a triunfo.


Los típicos cánticos como el Cielito Lindo o el "Dónde están los brasileños que nos iban a ganar" eran los éxitos musicales de la tarde tapatía.


La gente cerró La Minerva, no eran tantos pero la orden del jefe de Vialidad y Transporte fue "evitar accidentes y por eso cerramos la calle" y el caos a unas cuadras estaba con todo, colapsadas las calles cercanas a La Minerva, pero los 400 presentes bailaban y disfrutaban como si fuera la final de la Copa del Mundo. 


Memo Ochoa no tiene equipo, pero en el corazón de los tapatíos debe jugar en un top de Europa. "Oí que lo quiere el Barcelona, el Liverpool estaba preguntándole él", decía un aficionado que tomaba a la cerveza como si fuera agua de uso. 


El portero mexicano fue la figura y el que más lo agradecía era el que vendía pelucas chinas al estilo de Ochoa, pues vendía a 50 pesos la peluca negra para la foto y de pronto, uno, dos, tres, diez Ochoa, todo el mundo quería parecerse al arquero nacional. Todos eran Ochoa.


Con el correr de los minutos la euforia bajó y la propuesta de bajar a La Minerva para encumbrar a Ochoa fue desechada de inmediato. Pero otro embriagado por la emoción pedía los máximos honores para el Gallo Vázquez. "Si el Gallo mete ese gol, le cambiamos el nombre a Celaya y le ponemos el suyo".


La selección mexicana hizo el milagro. La felicidad depende mucho de un buen accionar en el Mundial. Festejar el empate fue exagerado para algunos, pero los 400 presentes en La Minerva celebraban como locos. La alegría que sólo la victoria trae consigo.