El Mundial visto desde el encierro

Reclusos vivieron ayer el encuentro de México vs Brasil

Memo Ochoa evita el gol de Brasil.
Memo Ochoa evita el gol de Brasil. (AFP)

Ciudad de México

En la cárcel también se vive la euforia del Mundial. No hay comodidad placentera y gustativa de un bar, tampoco la libertad de un estadio de futbol. En el Centro de Ejecución de Sanciones Penales Varonil Oriente apenas hay sillas, agua de sabor, chicharrones y un cañón que proyecta la imagen del juego.

De los 268 reos que conforman la población de este pequeño reclusorio, apenas 90 fueron los "premiados" para bajar a la sala de visitas. Ahí, los gritos sucumbieron cuando el árbitro dio inicio al encuentro México-Brasil.

El principio fue incertidumbre, cada uno tomó el asiento y los pocos permanecieron de pie. Al otro lado, en las palapas, unas cuantas mujeres esperaban a sus familiares presos. La gran mayoría, dijo que había despachado rápido a su visita "para estar libre a las 2 de la tarde cuando empezaba la trasmisión".

"Ese Memo Ochoa la tiene bien difícil, vamos Oribe que el balón es tuyo para meterla", era la constante de los más alejados, los que no alcanzaron asiento.

De entre ellos sobresalía José Gerardo Esteban, él tiene cinco años encerrado y hoy es uno de los líderes de la selección de futbol que representará a este centro penitenciario en el "Mundialito" del próximo viernes con la casaca de Alemania. Ese día, se levantarán muy temprano para subir a un camión que los llevará hasta Santa Martha Acatitla, siempre custodiados. Se enfrentarán a varios equipos de otros reclusorios, pues tienen como meta obtener el campeonato.

"La vida en sí es difícil, a nosotros nos tocó estar en prisión, a otros les toca tener a un familiar convaleciente, así es la vida recuperar el terreno que hemos dejado", dijo.

Ya es el segundo tiempo y los ánimos están más relajados. En el piso hay basura, los internos más altivos se atreven a fumar, las camisetas estorban, pero los celadores impiden que se las quiten.

El empate 0-0 en el Estadio Castelao de Fortaleza no fue convincente. El sabor del gol no llegó. Cada uno de los reos levantó su silla y la empalmó, otros barrieron y en unos cuantos minutos, en la sala de visitas no quedó nadie, todos fueron canalizados a sus respectivas celdas.