Crónica de viajero: Protestas con levadura (día 14)

Las marchas en la zona de Copacabana son un reflejo del desinterés que hay en las autoridades brasileñas de responder a las exigencias de un sector de la población 

CIUDAD DE MÉXICO

Primero escucho aplausos y después un altavoz desafinado. Dos minutos avanzan para que el sonido se pierda. Resopla el viento y los agudos de los gritos acoplan contra mi ventana.

"Creo que viene otra protesta", pienso mientras anudo mis agujetas. Toda la mañana trabajando me había cansado pero la curiosidad por la magnitud de la marcha me obliga a buscarla.

Cien manifestantes o quizás un poco más. Venían desde lejos mientras un perímetro de policías los comenzaba a cercar. Me recuesto sobre un carro y abro un refresco. Para mí, nada es más importante que analizar el contexto completo antes de ingresar a un hipotético escenario conflictivo.

¿Qué tipo de protesta es? ¿Quiénes participan? ¿Qué instrumentos o armas llevan? ¿Qué temperamento demuestran? ... y así otra decena de interrogantes que debo responder en cinco minutos.

"No más violencia policial en las favelas. Queremos respuestas del gobierno", exige la lideresa que camina a veinte metros de mi posición.

Agarro mi cámara y me hundo entre los manifestantes. Con el angular a fondo, retrato banderas y ataúdes que simbolizan el crudo momento de la mayoría carenciada de Rio de Janeiro. Acelero y subo a un contenedor de basura. El cuadro general que obtengo me deja pensado. De la nada empiezan a resaltar demasiados periodistas para tan exiguo contingente. Avanzo hacia el frente y todo el panorama se vuelve tragicómico.

Veinte, treinta, no se cuantos fotógrafos van a la delantera como si fuesen los que exigen al gobierno. Otros reporteros ni siquiera se inmutan. Van fumando mientras charlan con sus colegas.

Varios utilizan cascos, chalecos antibalas y la enorme palabra (Press) tatuada en sus ropas. Otros remarcan la máscara de gas que les cuelga de las cinturas.

¿Quién cree que es demasiado? Jajá. Quisiera que alguien me preguntase eso ¡Por dios! ¿Dónde estoy? ¿Siria? ¿Venezuela? O al menos en la difícil San Pablo...pues no, claro que no. Estoy siguiendo una manada de reporteros faramalleros en pleno malecón de Copacabana donde la policía nunca intervendrá. Todo el cuadro es una burla a la ferocidad que implican las marchas sociales en Brasil.

Pareciese que los periodistas estuviésemos hambrientos de desmadres y necesitáramos algo así.