Crónica de viajero: El barco de las naciones mundialistas

El común denominador de los que viajamos en esta travesía por el Amazonas es el futbol la pelota que no conoce de nacionalidades 


BRASIL

Tres colombianos me convidan galletas y el inglés compra refrescos. Un suizo con playera boliviana sonríe y mastica el español a la perfección. Detrás, un matrimonio italiano se relaja entre las hamacas. Gringos e irlandeses se desesperan por un poco de sol en la proa y abusan del bloqueador mientras intentar leer algún libro a contraluz. 

Esa es la postal internacional que me dejará el barco amazónico. Responsable de unificar el mosaico más variado en apenas doscientos metros cuadrados de cubierta. No importa la nacionalidad porque la comunión es completa. Todos hablan de fútbol y arriesgan sus pronósticos mundialistas. Ídolos, fracasos y sueños se combinan para un sinfín de charlas donde la pelota suele ser el denominador común. 

Aunque claro, nada más gratificante que discutir de política con extranjeros. Desde Evo Morales al difunto Chavez y el conflicto colombiano en su máxima expresión. O entender por qué Alemania siempre respeto a Suiza y la postura inglesa sobre el hartazgo por el manoseo a las Islas Malvinas.  Para eso sirve un viaje de este tipo. Minimicemos los mosquitos y la incomodidad de las hamacas. 

O el estruendo de los motores y la diarrea que alimentos desconocidos pueden causarte. Este  Amazonas representa una extraña muestra de los ideales que buscamos alcanzar. Decenas de nacionalidades conviviendo gracias al deporte y debatiendo de los temas más sensibles.  Ojalá las Naciones Unidas se reuniesen en un barco. Jajá. Lo voy a proponer para que se aliviane tanto político acartonado y que se les oxigene el cerebro ¡Si señor! Un viaje por el amazonas para que entiendan la importancia de nuestro planeta y los argumentos que suelen discutir. 

Muchas veces las incomodidades despiertan nuestra generosidad y esta navegación me lo vuelve a demostrar. Apenas tenemos agua potable pero se comparte. Si te duele la cabeza alguien te regalará una pastilla ¿Ruido? Alguien tendrá tapones de más.  Todo porque el objetivo es más importante: Llegar a Manaos y vivir un Mundial. Sentir la fiesta más grande que un deporte puede juntar. Tan fuerte es el fanatismo que nos empuja a cuestiones irrisorias. Y este barco y sus mil quinientos kilómetros recorridos son la mejor representación. 

Tan aislados nos sentimos en este viaje que cualquier detalle te hace sonreír. Por ejemplo, hace un rato, uno de los colombianos nos mostró que su mapa del celular estaba funcionando. Y visto en perspectiva, el punto azul titilante sobre el Amazonas comprobaba lo que nuestra vista ya nos había regalado. Nada más que arboles y agua nos rodeaba.  ¿Por qué el turismo no es mayor aquí? Es la duda con la que dejaré este barco. Tantos lugares que visitar y las opciones de transporte son nulas. Este barco parece olvidado por dios pero funciona. 

Y si tan poco puede convencernos supongo que una red turística favorecería la mejora económica de las comunidades más aisladas de esta zona. Es para pensarlo y proyectar. Turismo enfocado en lo ambiental puede favorecer esta región. 

Pareciese que lo único que se les ocurre es petróleo o aserraderos ¿y el resto? Conocí otros países donde llegábamos con los barcos a pueblos preparados para el turista y el ingreso por mercancías rebasaba las expectativas ¿Se podrá? Ojalá. Me sorprende que las incomodidades de este viaje no ahuyenten a los extranjeros que me acompañan en el barco. Lo se, el mundial es la meta. Pero quizás, alguna vez, pueda volver con mi familia en un tour que responda ante tanta belleza natural que nos encandila