La policía limpia Copacabana de casas rodantes de argentinos y chilenos

Autoridades de Brasil decidieron despejar el área de playa y quitaron los vehículos que ahí se encontraban

RÍO DE JANEIRO, Brasil

Una pareja de policías se acerca a la ventanilla de cada uno de los camiones, camionetas vans y carros pequeños que llevan estacionados cinco o seis días en plena Avenida Atlántica, ahí donde empieza la playa de Copacabana. Pese a que ya casi es mediodía, los conductores de los vehículos duermen a pierna suelta. Al escuchar el octavo o noveno toquido sobre el vidrio despiertan.

Se produce esta escena:

"Buenos días. Tienen quince minutos para irse de aquí".

Quien recibe el mensaje se alerta, despierta del todo.

"¿Cómo? ¿Por qué?"...

Reciben enseguida una amable explicación. La Prefeitura de Río de Janeiro determinó que era ya tiempo de despejar el área de playa de las decenas y decenas de vehículos, todos de argentinos y chilenos, que con completo desparpajo se hicieron dueños de un área prohibida, el corazón turístico de esta ciudad.

Se les informa que serán guiados a una zona de la seguridad, situada en el centro, en donde dispondrán de espacio para estacionarse y estarán seguros. Nadie se atreve a protestar. Uno a uno se empiezan a retirar, los que no porque tienen sus unidades descompuestas, con fallas mecánicas. Éstos serán trasladados con grúas. Quien no obedezca será multado y verá como su vehículo es llevado al corralón.

En dos o tres horas esta zona de Río vuelve a ser la misma de siempre. Pero curiosamente quienes empiezan a inconformarse son los propios brasileños. Ante el alboroto que hace que lleguen reporteros y cámaras de distintas televisoras un hombre empieza a defender a los chilenos. Crítica a la policía con el argumento de que lo que están haciendo es discriminatorio y que, además, a la zona a donde están mandando a estos hinchas es peligrosa y pueden ser objeto de asaltos.

No importa, la limpieza de la zona dorada se completa sin concesiones. Ya se sabrá el destino de estos centenares de aficionados que hasta hoy se percataron que habían pernoctado en el sitio equivocado.