Los brasileños sin Neymar: Entre la desazón y el desánimo

El 10 canarinho está fuera de la Copa del Mundo a causa de una fractura en la columna, durante el duelo de cuartos contra Colombia

La prensa en Brasil retrata el ánimo de los hinchas
La prensa en Brasil retrata el ánimo de los hinchas (Rafael Ocampo )

Río de Janeiro, Brasil

Es cierto que la selección brasileña se encuentra ya en semifinales, entre los cuatro mejores equipos de la Copa del Mundo de la que está resultando anfitriona. Pero aunque suene desmedido se puede decir que el ánimo de su gente, perdidos todos en la vorágine a la que lleva la pasión por este deporte, no está tan arriba.

Y todo por Neymar, el joven de 22 años quien lleva algún tiempo poniéndolos a soñar y que ayer, tras un alevoso rodillazo del colombiano Juan Camilo Zúñiga, quedó fuera del Mundial.

Se escucha, se vive en el convivir inmediato un doble lamento. Primero por el propio muchacho, por lo que representa su frustración y tristeza, expresada desde el mismo momento en el que tuvo que abandonar la cancha en camilla, directo al hospital.

Una historia muy similar a la que vivió el mítico Pelé en el Mundial de Chile 1962, cuando tuvo que abandonar el torneo lesionado tras el segundo juego. El punto, sin embargo, es que el que se convertiría para muchos en los siguientes años como el mejor futbolista de la historia había ya ganado un Mundial, el de Suecia 1958. Neymar iba por su primer gran logro, convertido además en la estrella del equipo.

Hay enorme desconsuelo por el joven maravilla que juega ya en el Barcelona. Pero la misma o mayor desazón se genera en torno a lo que queda de la selección. Sin su estrella activa, los brasileños ya no ven como favorita a su selección. Neymar es quien le daba el toque diferente y potente, el que realmente los podía llevar a su sexto campeonato del mundo.

En 1962 en Chile, los brasileños fueron capaces de ganar aún sin Pelé porque tenían a Amarildo y a Garrincha. Hoy el equipo que dirige Luis Felipe Scolari no tiene a ningún otro delantero del nivel de Neymar, ya no se diga de aquellos emblemas y símbolos.

Tendrá que enfrentar, el próximo martes en Belo Horizonte, en semifinales a un equipo alemán que luce terriblemente complicado, que se ha mostrado superior en todos sus juegos y con recursos ofensivos de sobra.

Peligra y en serio la presencia de la selección brasileña en el Estadio Maracaná el próximo domingo 13 de julio, en la Final del Mundial. Y esto lo sabe la gente, que suma felicidad por el pase ante Colombia, pero resta frustración por la fractura de su ídolo. El resultado de esta operación humano-matemática: preocupación y desconcierto; desazón y desánimo.