Esquemas similares con estilos distintos

Louis van Gaal ha hecho de Holanda un equipo que dejó atrás el futbol total para vivir del contragolpe. A la Oranje le da igual ceder la pelota por la contundencia que tiene en ataque. Mientras, Miguel Herrera procura tener la pelota y buscar el arco rival, conservando el orden defensivo


Ciudad de México

LOUI VAN GAAL

Louis van Gaal pertenece a un círculo que engloba a los entrenadores con más prestigio en el mundo. En su curriculum i guran títulos de envergadura.

Sin embargo, en su segundo periodo al frente de la selección holandesa, ha dado un vuelco a la forma de juego, ha dejado atrás la estética del futbol total y ha pasado a conformar un equipo resultadista y circunstancial.

Van Gaal asumió el cargo en julio de 2012 y desde entonces impuso la disciplina que le caracteriza: máxima exigencia a los jugadores sin importar su nombre y el cartel que tengan. Todos deben trabajar en beneficio del equipo.

Van Gaal ejecutó acciones claras, fue contra la corriente Cruyffista, se olvidó del 4-3-3 que había caracterizado históricamente a Holanda y del futbol total, estético y de máxima presión en todas las líneas.

Van Gaal pasó a ejecutar un juego de posición, con un esquema de 5-2-3, que tiene la versatilidad de convertirse en un 3-4-3, en donde los únicos jugadores que gozan de libertad son los tres hombres en ataque.

En la actual Holanda, Van Gaal renunció a la estética, a los extremos. De un medio centro pasó a dos contenciones. La salida desde el fondo ya no es prioridad, tampoco el toque constante, ni la presión adelantada, mucho menos la posesión de la pelota. El entrenador ha hecho del contragolpe su modo de vida. El nuevo orden holandés se define en velocidad, contragolpe y contundencia.

MIGUEL HERRERA

Miguel Herrera llegó a la selección en el momento más crítico en la historia del Tri. Cuando se produjo el bochorno de tener que buscar la calificación a Brasil en un repechaje ante Nueva Zelanda. El Piojo, que solo ha ganado un campeonato de Liga —de forma dramática ante Cruz Azul—, asumió un interinato que se confirmó en un proceso que se tiene pensado llegue hasta Rusia 2018.

Herrera es un entrenador de barrio, desinhibido y valiente, que lanza a sus equipos hacia adelante. Ha tenido tropiezos, como le ocurrió en Tecos y Veracruz. Pero también sus buenas tardes de futbol como las que ofrecían Atlante y Monterrey.

Su llegada a América lo proyectó, poco a poco hizo de las Águilas un equipo con ese sello de atrevimiento, con jugadores de bajo perfil, pero que desarrollaban cabalmente su idea futbolística.

Después de conseguir el título del Clausura 2013, Herrera mantuvo la inercia en América, sobrevino el momento crítico en el Tri y su andar con las Águilas lo puso en el banquillo nacional. Coherente, armó un equipo con jugadores locales, siempre con su mismo esquema de 5-3-2, en el que los laterales buscan darle amplitud y profundidad al equipo, el medio centro trabaja en la recuperación y creación apoyado por dos interiores y un media punta con un centro delantero que tampoco se queda fijo en su zona. A Miguel le gusta tener la pelota, pero también sabe sobrevivir sin ella. Puede salir desde el fondo con la pelota controlada o con un trazo largo.

Herrera está hecho con el barro de los campos de tierra, es un entrenador exigente, pero flexible. En pocos meses ha hecho que la selección tenga su sello, sufriendo en algunas ocasiones, pero así ha sido la vida del Piojo en el banquillo: drama y alegría.

En las últimas semanas, se ha convertido en un showman, pero ante todo, Miguel Ernesto Herrera Aguirre es un entrenador hecho y derecho.