El reencuentro del Rebaño con su gente

Néstor Vidrio terminó con 409 minutos de sequía goleadora, en la recta final del primer lapso.


Chivas vence a Leones Negros
Chivas brindó una alegría a su gente, después de tantos meses. (Mexsport)

Guadalajara

Fue una tarde de reencuentros. El Guadalajara y Leones volvieron a enfrentarse en Primera. Héctor Reynoso regresó al Omnilife. Y, después de tantos meses, Chivas brindó una alegría a su gente.

Dos décadas tuvieron que pasar para que Chivas enfrentara a Leones Negros en el Máximo Circuito. Pero en esta ocasión el escenario no fue el histórico Estadio Jalisco, sino el moderno y frío Omnilife.

Héctor Reynoso regresó a la querencia. El otrora capitán rojiblanco enfrentó a su ex equipo y las muestras de cariño con ex compañeros no se hicieron esperar; sin embargo, al momento de saludar a Omar Bravo el saludo fue frío, igual que la afición del Guadalajara recibió al ahora zaguero universitario que recibía abucheos cada que tocaba el esférico.

No se necesitaba estar dentro del terreno de juego para percibir el nerviosismo de ambos equipos. UdeG se cansaba de regalar balones en zona defensiva y Chivas de desaprovecharlos.

Bustos y Sosa vivieron el encuentro al filo de la zona técnica. El estratega universitario lamentaba la pobreza futbolística de su equipo, y el de enfrente la inoperancia de su aparato ofensivo.

Humberto Hernández, quien inició el duelo titubeante, evitó el grito de gol de los presentes en espectacular lance en disparo de Arce dentro del área. El “Chivas, Chivas, Chivas” volvió a resonar en el recinto rojiblanco como hace tiempo no sucedía con la anotación de Néstor Vidrio en la recta final del primer lapso, terminando así con 409 minutos de sequía goleadora.

El sufrimiento no abandonó a los rojiblancos. Durante un lapso de 15 minutos UdeG metió a Chivas en su terreno. La tensión era notoria entre los locales y eso se reflejó con el silencio de su gente.

Pero Carlos Fierro regresó las sonrisas al Omnilife. El Güero colocó el segundo y tercer tanto de la tarde que provocó el éxtasis de su gente y de su técnico, quien brincaba y arengaba a sus muchachos, sabedor que se había quitado un gran peso de encima y, al menos por varias semanas, alejó la guillotina de su cuello.

Contrastante situación la que experimentan los melenudos. Tras siete juegos disputados, los universitarios se hunden en la tabla de cocientes, con un panorama negro ante la pobreza futbolística que posee su plantilla.