Mucha fiesta, poco futbol en el Clásico Nacional

El estadio Omnilife mostró sus tribunas repletas, con una evidente mayoría rojiblanca.


Hubo mayoría rojiblanca en las tribunas del estadio Omnilife.
Hubo mayoría rojiblanca en las tribunas del estadio Omnilife. (Carlos Zepeda)

Guadalajara

El marco superó lo que se vivió en la cancha. El Clásico Nacional tuvo un ambiente de lujo. Un estadio lleno. Fiesta en las tribunas y fuera de ella. En el campo, Chivas y América brindaron pocas emociones y regalaron un empate a un insípido.

Las largas filas, el lento tránsito y el exhaustivo operativo de seguridad no evitaron la fiesta en el Omnilife. La casa del Guadalajara mostró sus tribunas repletas, con una evidente mayoría rojiblanca.

Desde que los equipos saltaron a calentar los locales se hicieron sentir. “Olé, olé, olé, olé, Michel, Michel”, fue el recibimiento de la barra a Luis Ernesto. Las cábalas y manías se hicieron presentes en el Rebaño. Omar Bravo, quien fue el primero en pisar el terreno de juego, previamente formó una cruz con su mano derecha. Mismo acto hizo Fabián, último en aparecer en el verde césped.

La presentación de los tapatíos fue impresionante. Los miles de seguidores rojiblancos corearon cada apellido de sus futbolistas titulares. Al minuto 7, la gente del Guadalajara rindió homenaje a Rafa Márquez con el grito de “Olé, olé, olé, olé, Rafa, Rafa”, esto luego de anunciar su retiro profesional.

El Omnilife se enfrió cuando el cronómetro marcaba el primer cuarto de hora de juego. Un potente derechazo de Paúl Aguilar desde los linderos del área cimbró la orquilla, las redes y el orgullo de la minoría. Golazo del capitán azulcrema quien abrazó a su técnico Gustavo Matosas.

Chivas y su equipo recibieron un golpe noqueador. En la cancha los futbolistas no despertaban. En las tribunas la gente callaba. El grito de gol de los tapatíos se ahogó en par de acciones de Bravo y Fabián.

Chepo y Matosas experimentaban el Clásico de una manera muy similar. Mexicano y charrúa se la pasaban al límite del área ofreciendo gritos, indicaciones y reclamos arbitrales.

La mayoría de los casi 46 mil presentes en el recinto tapatío vibraron gracias a Aldo De Nigris, quien anotó su primer gol en un Clásico Nacional. El atacante regio saltó al campo desde la banca para igualar los cartones al 62 de tiempo corrido. Tras su potente zurdazo que estremeció las redes, el grito de gol fue ensordecedor.

Mientras se escuchaba el “Dale, dale, dale Rebaño, dale, dale, dale Rebaño, dale, Rebaño”, De Nigris se tendió en el césped de lado, tomó su cabeza con la mano derecha, llevando su mirada hacia donde se encontraba la porra americanista, festejo que realizó hace unos años con Monterrey en un Clásico Regio.

Con el paso de los minutos el nerviosismo se apoderó de los equipos y aficiones. Las emociones fueron diluyéndose, como los gritos de la gente.