Chivas, un barco sin capitán

La derrota ante Santos Laguna confirmó el nivel futbolístico del equipo, así como una disputa por la capitanía; al salir de cambio Omar Bravo entregó el gafete y nadie lo quería tomar

Omar Bravo, delantero de Chivas
Omar Bravo, delantero de Chivas (Mexsport)

Guadalajara

El mensaje del entrenador Carlos Bustos es claro: no hay intocables; el lugar de Aldo de Nigris está en la banca y el capitán Omar Bravo es el primer cambio. El resultado volvió a ser el mismo, pero la revolución interna sigue y no para.

Bravo sale de cambio en los primeros compases del segundo tiempo y el equipo sigue la misma línea. El equipo es el mismo con él y sin él en el terreno de juego, como ante Santos Laguna, una derrota que agudizó la crisis de resultados y de identidad, de cara a la lucha contra el no descenso, que se definirá en el próximo campeonato.

El técnico lleva la música por dentro y más allá del perfil conservador y cauto que mostró en la rueda de prensa, él sabe qué le falta a su equipo, especialmente porque la gente con la que se

la jugó desde el arranque del partido contra los laguneros de Pedro Caixinha no le respondió a la hora cero.

Más allá de la derrota, lo que quedó en el aire fue la actitud del veterano Omar Bravo, quien a la hora de salir de la cancha no entregó el brazalete de capitán a otro veterano, Carlos Salcido, y a los pocos minutos, el propio Salcido se negó a portar la cinta.

Aquello fue varios minutos después, cuando el silbante del partido Jorge Pérez se percató que nadie traía la cinta ya con el duelo reiniciado, para entonces Néstor Vidrio le puso el brazalete al defensa de Ocotlán.

Con esta situación, la ruptura del vestidor quedó evidenciada. Es el último capítulo de la situación que se vive en el interior del cuadro rojiblanco, y lo que está relejado en los puntos cosechados hasta ahora, cumplidas cinco fechas, aunque Chivas tiene un juego pospuesto (ante Leones Negros, ya que se encontraba de gira por los Estados Unidos).

En la sesión del lunes en Verde Valle la sensación era lúgubre, sin sonrisas. La alta tensión durante el entrenamiento regenerativo era el común denominador.

El técnico Bustos y Bravo charlaron por más de 40 minutos, hay temas puntuales que se tienen que tocar en el interior del vestuario rojiblanco y es el momento en que el estratega debe definir con quiénes cuenta para el próximo duelo con los Tiburones Rojos del Veracruz, una cita que a la luz de los acontecimientos deberá ser juzgada como definitiva para el ocupante del banquillo.

Hoy Chivas parece el Costa Concordia, ese famoso trasatlántico que se fue a pique porque su capitán abandonó la embarcación, mientras el descenso se aproxima fecha a fecha.

Durante el juego contra el Santos Laguna, por algunos minutos el equipo se quedó sin capitán por diversas razones.

Parecía que el gafete quemaba o tenía una maldición. En unos minutos la cinta pasó de Bravo al doctor Jesús Robles, de ahí a Jesús Chapo Sánchez, después fue a dar con Néstor Vidrio y finalmente con Salcido.

El sábado, Bustos se juega el semestre, el equipo la estabilidad y muchos jugadores el sueldo. Si acontece otra derrota (que sería la sexta en fila sumando amistosos), sea como sea, aunque dominen el juego como ante los laguneros, vendrán las medidas directivas y empezarán con el mismo Bustos, quien de pronto vive la etapa más crítica de su aún corta estancia en el club.

En el entorno ya suena fuerte el nombre de José Manuel de la Torre (campeón con Chivas en el 2006); se dice que el Chepo está a la espera para tomar el rumbo del equipo; además, los jugadores serían tocados si hay un nuevo revés.

Chivas no tiene seguro nada, solamente que el sábado en el Luis Pirata Fuente se la juega en Veracruz. Aunque parezca broma, ese será un juego de seis puntos por el descenso ante un rival directo, y sin espacio para equivocaciones.