Los dioses del futbol y el baile del gaucho

El apoteósico recibimiento ofrecido en Berlín a la selección campeona del mundo se vio opacado por un gesto de burla hacia los futbolistas argentinos; la prensa acusó a los alemanes de “racistas” y de sentirse “una raza privilegiada”.

Recibiento de la selección de Alemania.
Recibiento de la selección de Alemania. (Reuters)

Berlín

En los últimos momentos de la final mundialista, Joachim Löw le picó la cresta a Mario Götze: “Muéstrale al mundo que eres superior a Messi y que esta noche puedes decidir el partido”. El técnico alemán le palmeó la mejilla y lo ingresó al campo de juego en el minuto 87. El deseo del mediocampista alemán era jugar su primera final en un campeonato internacional, según declaraciones del director técnico. Con 22 años, el ex jugador del Borussia Dortmund, no solo cumplió su sueño: además de conceder la victoria a Alemania, la convirtió en la primera nación europea ganadora de la Copa Mundial de Futbol en América Latina.


DE VUELTA A CASA

El martes pasado, la Plaza de París aquí en Berlín estaba a reventar desde las 10 de la mañana. Miles de fanáticos esperaron más de seis horas la llegada de la selección alemana a esta capital, su primera parada en Alemania después de ocho semanas en Brasil. Ríos de gente invadieron las calles contiguas a la Puerta de Brandenburgo. Desesperados por hacerse de un lugar lo más cercano posible a los astros del futbol, la afición más joven trepó rejas y buscó atajos dentro del bosque. Fue imposible. Todos los caminos hacia el escenario montado sobre la Milla del Aficionado quedaron bloqueados desde la madrugada.

Bajo el sol inclemente, se escuchó una voz que gritó al micrófono: “Nos hemos jodido a los españoles, a los franceses, a los italianos”. Al escuchar el nombre de cada uno de sus ídolos, la masa repetía al unísono Fussball Gott, Fussball Gott (Dios del futbol). Solo el avión en el que viajaba el equipo alemán, en un sobrevuelo a la ciudad autorizado por la torre de control, logró acallar por un momento aquel grito. A las 10:20, se anunció el aterrizaje de la nave en el aeropuerto de Tegel. Con el trofeo en la mano, Philipp Lahm, capitán de la escuadra, descendió la escalinata seguido de Bastian Schweinsteiger y el resto de sus compañeros. A bordo de un autobús, emprendieron un recorrido de dos horas por las avenidas principales. Berlín se tornó un tremendo caos. El Metro se detuvo, el tranvía suspendió su marcha y los barcos de recorridos turísticos recalaron sobre el río Spree, solo para ver pasar a la comitiva.

A su llegada a la Puerta de Brandenburgo, los jugadores firmaron el libro de visitantes distinguidos, acompañados por el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit. La anécdota del día fue el papel que el alcalde Wowereit sacó nerviosamente de su saco y colocó de inmediato sobre el libro para solicitar autógrafos.

Medio millón de aficionados ovacionó al director técnico Joachim Löw, a su ayudante Hansi Flick, al entrenador de porteros de la selección, Andreas Köppke, y al director deportivo, Oliver Bierhoff. Micrófono en mano, Löw agradeció en nombre de todos el apoyo a su selección: “Obtener el título significa haber recorrido un camino muy largo y difícil, desde mi nombramiento como director técnico de la selección de Alemania, hace ya una década. En el Mundial de 2006, en esta misma plaza, celebramos nuestro tercer lugar. Hoy estamos aquí como los campeones del mundo, otra vez, después de más de 20 años. En todo momento he reconocido la fortaleza de espíritu y la ambición del equipo alemán, pero sin ustedes no podríamos estar ahora festejando nuestro triunfo. Todos somos campeones”.

Al concluir Löw, aparecieron en el escenario Sami Khedira, Mesut Özil, Jérôme Agyenim Boateng, Per Mertesacker, Ron-Robert Zieler y Lukas Podolski ejecutando modernos pasos de baile. Podolski manifestó estar viviendo el momento “más fregón” de su carrera. “Cada uno de nosotros”, dijo Mertesacker, “trabajó muy duro para alcanzar el título. Por eso, nos merecíamos ganar”.

Miroslav Klose, Shkodran Mustafi, André Schürle, Mario Götze y Toni Kroos sorprendieron con una coreografía rechazada de inmediato por los medios argentinos. Agachados, casi con los pies arrastrando, entonaron en coro: “Así caminan los gauchos, los gauchos caminan así”, y luego con el cuerpo erguido: “Así caminan los alemanes, los alemanes caminan así”. Evidentemente emocionado, Götze se refirió al gol del minuto 112 como “un hecho que ya es historia”.

Manuel Neuer, Julian Draxler, Benedikt Höwedes, Kevin Grosskreutz y Bastian Schweinsteiger aparecieron como tercer grupo. Aún con una curación cubriendo la parte inferior de su ojo derecho, Schweinsteiger declaró eufórico: “Nos vimos en el Mundial del 2006. Ese año fue muy bonito, pero ahora tenemos esta cosa aquí (en alusión a la copa). Logramos adjudicarnos la cuarta estrella y estamos muy contentos”.

Los últimos jugadores en presentarse fueron Mats Hummels, Thomas Müller y Filipp Lahm, con su cuerpo ocultando el trofeo. De manera simbólica, jugadores y cuerpo técnico lo ofrecieron al público y le rindieron culto a ritmo de “Seven Nation Army”, sin imaginar la indignación gestada en los medios argentinos por el desafortunado “baile del gaucho”.

La disculpa pública ofrecida por el presidente de la Federación Alemana de Futbol, Wolfgang Niersbach, a la Asociación de Futbol de Argentina no impidió el ataque fulminante a los seis jugadores nacionales, a quienes los medios de comunicación locales tacharon de “racistas” y los acusaron por verse ellos mismos “como una raza privilegiada”.