Cuando las promesas no alcanzan

Miguel Herrera pensaba que tenía un equipo suficiente para llegar mínimo a las semifinales de esta Copa América; sin embargo, la realidad fue otra y la selección mexicana quedó eliminada, exhibiendo un nivel muy bajo ante Ecuador

RANCAGUA, Chile

También con Miguel Herrera al frente, cuando más se espera de la selección mexicana de futbol, se recibe menos, o como en el caso de anoche, nada.

El equipo nacional regresa a casa, eliminado de la Copa América, incapaz de ganarle a unos ecuatorianos que estaban prácticamente fuera, al acumular dos derrotas, antes de este juego.

Aún el discurso más encendido de amor propio y de confianza, como el del Piojo y sus muchachos, tiene que ser acompañado de calidad y disposición. Esta selección que vino a Chile sólo tiene palabras, no acciones que le den contenido.

Huecos, vacíos, no de ideas, sí de futbol. Sin creatividad al frente, endeble atrás. Se desnudaron renuentes a reconocer sus límites.

Ayer, ni de cerquitas se aproximaron a la posibilidad de sacar los tres puntos. Tuvo casi todo el partido bajo control la selección ecuatoriana. No nada más por la gran concentración de su sector defensivo, que se aplicó en la marca anticipando y robando balones, sino sobre todo por la estupenda habilidad y velocidad de sus atacantes.

Siempre supieron qué hacer Montero, Ibarra, Bolaños y Valencia. Así que el equipo mexicano nunca pudo dominar, ni tener llegada y cada que su rival les atacaba se generaba una sensación real de peligro. Se antojaba desde la tribuna que más que una remontada tricolor lo que sobrevendría sería una goleada.

Miguel resolvió las dudas que reconoció tener en su alineación un día antes de una manera conservadora: mantuvo la línea de tres atrás, con la incrustación como carrilero izquierdo de Efraín Velarde en lugar del lastimado Adrián Aldrete. Evidentemente se equivocó. Apenas arrancando el partido, los ecuatorianos descubrieron avenidas y huecos para llegar a la portería de Corona. Sobre todo por el sector derecho que mal defendían Flores y Valenzuela.

Pero conforme avanzó ese primer tiempo la descomposición defensiva fue total. Así llegó el primer gol de forma irremediable.

Y pudieron haber sido cuando menos dos o tres más sino es por acertadas y apuradas intervenciones de Corona.

Los dirigidos por Herrera apenas pudieron generar una acción tras el robo que hizo Vuoso a Paredes de un balón cuando éste pretendía salir de su área. Pero el argentino-mexicano, habiendo hecho las tareas más complicadas pues se generó el espacio adecuado y se la puso a su peri l, la echó fuera de la meta defendida por Domínguez.

En el segundo tiempo, El Piojo cambió a línea de cuatro defensores al sacar a Velarde y meter a Javier Aquino, pero el descontrol y la fragilidad atrás se incrementó. Cuando llegó la segunda anotación ecuatoriana, obra de Enner Valencia, pareció que no sólo habría derrota, sino humillación en la cancha del estadio El Teniente.

Pero llegó entonces la extraña marcación de un penal a favor, en el cobro de un tiro de esquina el árbitro se mostró bondadoso y el agarrón a Hugo Ayala lo sancionó con un tiro que ejecutó de forma acertada Raúl Jiménez.

Un 2-1 bastante engañoso, pues no se veía cómo, a no ser que fuera con otro penal o por ahí alguna jugada a balón parado, se pudiera empatar el marcador. Pero además los mexicanos necesitaban ganar para conseguir en automático su pase a la siguiente ronda.

Con la desventaja, El Piojo ordenó el ingreso de Marco Fabián por Javier Güémez y casi enseguida el de Eduardo Herrera por Jesús Manuel Corona. Pero no sólo no pesaron ellos, no se hizo notar ninguno más. Más peligro se seguía registrando en la meta mexicana. La improductividad en su máxima expresión.

Miguel Herrera, incontrolable en su zona de dirección, fue expulsado por el árbitro, harto de sus protestas, que no sólo se dirigían a él, sino a sus propios jugadores.