García Márquez, enamorado de la 'Fiebre Amarilla'

La selección colombiana, volvió loco al escritor de Cien Años de Soledad, así lo contó Jorge Fabricio Hernández, colaborador de Milenio Diario

Selección colombiana
Selección colombiana (Especial)

Ciudad de México

El domingo 5 de septiembre de 1993, en la cancha del Monumental de Núñez, casa del River Plate, Argentina y Colombia disputaron la última fecha de las eliminatorias sudamericanas rumbo a la Copa del Mundo de Estados Unidos, que se celebró al siguiente año. En ese duelo, los albicelestes necesitaban ganar para no jugar el repechaje contra Australia. De no triunfar, la clasificación al Mundial dependía del resultado del encuentro disputado en el Grupo A.

Este choque era en Lima entre Perú y Paraguay; Colombia, al ser primero del grupo, alcanzaría su clasificación directa a la Copa del Mundo con el empate o la victoria.

Como en uno de los cuentos de realismo mágico de García Márquez, el guión de la historia dio un vuelco sorpresivo. La escuadra dirigida por Francisco Maturana le asestó una goleada histórica a cuadro lleno de estrellas, entre las que destacaban Simeone, Batistuta, Redondo y Ruggeri. Colombia consiguió su pase al Mundial de 1994 y mandó a Argentina a la repesca.

"La selección de Colombia era capaz de llevar hasta el júbilo a Gabriel García Márquez": Jorge Fabricio Hernández


Aquella noche, cuenta Jorge Fabricio Hernández, colaborador de Milenio Diario, escritor de obras como Un montón de piedras (2013), también catedrático en la UNAM e ITAM, Gabo fue inmensamente feliz.

"La selección de Colombia era capaz de llevar hasta el júbilo a Gabriel García Márquez. Aquella generación de 1994, la que goleó 5-0 a Argentina, le brindó muchas alegrías al Gabo, sobre todo esa vez. Ese grupo de pintorescos futbolistas lo impactaron: el Pibe Valderrama, un tipo melenudo y que jugaba muy bien, que era tan excéntrico como eficaz, al igual que René Higuita, el portero y Francisco Maturana, eran los principales artífices que le incitaron el fervor por un combinado que siempre lo trasladó a su tierra. Aquel escuadrón de aguerridos futbolistas también le propinaron al autor de La Hojarasca -1955-, sinsabores profundos, como el asesinato del defensor central, Andrés Escobar.

"Ese mismo equipo llenó de horror al autor con ese malogrado autogol en el Mundial de Estados Unidos. El narcotráfico ajustició en un restaurante a un hombre que no debía nada, más allá de haberse equivocado en el campo. Todo este entorno tan turbio entristeció mucho a uno de las más reconocidas mentes de la literatura y del mundo. Se fue alejando poco a poco del futbol", confió Jorge Fabricio Hernández.

LA VERDAD COMO BÚSQUEDA

Pese a las decepciones que el futbol provocó a Gabriel García Márquez, se refugiaba en lo transcurrido en diversos terrenos de juego durante 90 minutos, así lo definió el colaborador de Milenio Diario, para quien el Premio Nobel de Literatura, en su afán por dar con la verdad, miraba a este deporte sin involucrarse en estadísticas o descensos, lo hacía por el placer de observar la esencia del juego.

"García Márquez, en su búsqueda interminable por la verdad, como buen periodista, encontró siempre en una cancha de futbol, durante 90 minutos, la respuesta a la felicidad añorada. La verdad no tiene palabra para honor para ubicarla y Gabriel la hallaba también en el deporte. Gabo fue un escritor que caminó por el mundo con los ojos puestos en todas partes, incluyendo algo tan sencillo como el balompié", dijo el escritor de Territorios del tiempo (1999), sobre un rostro poco contado de Gabo.