Futbolista sirio, refugiado en Irak, evalúa sus opciones

Hoy, a sus 23 años, Hanaan es un refugiado y trabaja como mesero en un popular hotel y restaurante en la ciudad iraquí de Irbil.

Nosheen Hanaan (izq) posa con sis compañeros de equipo cuando jugaba en Siria
Nosheen Hanaan (izq) posa con sis compañeros de equipo cuando jugaba en Siria (AP)

IRBIL, Irak

Durante un tiempo parecía que el sueño de Nosheen Hanaan se estaba haciendo realidad: La estrella en ciernes iba a ser el arquero de la selección de Siria a los 18 años, con una sólida reputación a sus espaldas por sus paradas en el al-Hurriya, un equipo de la ciudad de Alepo, en el norte del país.

Pero ese sueño se desvaneció a medida que Siria se sumía en la guerra. Hoy, a sus 23 años, Hanaan es un refugiado y trabaja como mesero en un popular hotel y restaurante en la ciudad iraquí de Irbil.

La guerra, que comenzó hace cinco años, destruyó casi todos los aspectos de la vida en Siria — y el deporte y el venerado fútbol iban a ser menos.

Algunos jugadores de la selección nacional han huido del país, aunque las autoridades no ofrecen datos al respecto. El equipo ha logrado seguir adelante, principalmente gracias al patrocinio del gobierno del presidente Bashar Assad. Ante la imposibilidad de disputar partidos como local, rota entre varios países anfitriones en un intento por clasificarse para la Copa de Asia y el Mundial. Se dice que lo que queda de un equipo bien controlado está dominado por leales a Assad.

"Por supuesto, la guerra y sus consecuencias han afectado a los deportes en Siria", dijo el general Mowafaq Joumaa, director del comité ejecutivo de la federación deportiva del ejecutivo. "Empezando por las familias, tienen miedo de enviar a sus hijos a clubes deportivos" lejos de casa.

Algunos futbolistas de la selección siria "se unieron a la revuelta contra Assad, mientras que otros huyeron del país", apuntó recientemente James Dorsey, autor del of the blog The Turbulent World of Middle Eastern Soccer (El turbulento mundo del futbol en Oriente Medio).

En el vecino Líbano, que acoge a 1,1 millones de refugiados sirios, un grupo de jóvenes futbolistas forma un equipo en el exilio esperando poder representar a su país una vez Assad deje el poder. La formación ha jugado ya contra un equipo de Trípoli, en el norte de Líbano.

Hanaan, nacido en el seno de familia curda de clase media, era una estrella local en Alepo gracias a su éxito con el al-Hurriya, además de por su participación en el torneo de la Confederación Asiática de Fútbol Sub-22 y en partido Sub-15 con la Federación del Oeste Asiático de Fútbol.

Cuando fue seleccionado para el equipo nacional, decidió demorarlo un par de años para ir a la universidad. Pero nunca pudo reclamar su puesto: Al inicio de la guerra, dejó los estudios para ayudar a su familia.

A la entrada del opositor Ejército Libre de Siria en Alepo en el verano de 2012, le siguieron los bombardeos aéreos del gobierno de Damasco, y la familia tuvo que dejar atrás sus vidas y partir.

"Huimos sin nada más que la ropa que llevábamos puesta. No tuvimos tiempo para llevar nada con nosotros, ni fotografías ni nada de dentro de la casa", recuerda Hanaan.

Terminaron en la localidad curda de Afrin, sin trabajo ni expectativas. Por ello Hanaan emprendió un viaje hacia el norte, hacia la frontera con Turquía. Durante casi tres semanas, esperó en un granero con otros 12 jóvenes y poca comida y agua, para pasar de forma ilegal a territorio turco. Finalmente entró en Turquía — y de ahí a Irak.

En Irbil, la capital de la región curda del norte de Irak, encontró un empleo como mesero. Lejos de casa, pero seguro, ahora puede enviar dinero a su familia en Siria.

Dice que reza para volver a reunirse con ellos. Irak está "lejos de tofo lo que conozco y quiero", dijo. "Aquí incluso el acento es diferente".

Una vez por semana, vuelve a golpear una pelota de fútbol con sus amigos tras el trabajo — normalmente pasada la medianoche y sin una multitud que lo aclame. Para fichar por un equipo iraquí, la directiva tendría que obtener un permiso del gobierno en Damasco, que probablemente no conseguiría ya que nunca completó el servicio militar obligatorio.

"Me temo que mis sueños se han terminado", dijo Hanaan.