Una noche de pesadilla, miedo y conmoción en el Stade de France

La selección de Alemania permaneció resguardada en el Stade de France; horas antes del encuentro, en su hotel se concentración se tuvo una amenaza de bomba  

Seguridad en la zona del Stade de France
Seguridad en la zona del Stade de France (Reuters)

PARÍS, Francia

Cuando el avión despegó a las 9 de la mañana de hoy del aeropuerto parisino Charles de Gaulle, los futbolistas de la selección alemana pudieron respirar y, algunos, dormir por primera vez en muchas horas.

Habían pasado la noche encerrados en los vestuarios del Stade de France después de disputar un amistoso ante Francia que nunca olvidarán.

Mientras el balón rodaba, varios atentados terroristas sacudieron París, dejando al menos 127 muertos y más de 250 heridos. Algunas de las explosiones ocurrieron muy cerca del estadio, por lo que los futbolistas permanecieron varias horas en las catacumbas del Stade de France esperando a que la situación se calmara.

"Menuda noche más horrorosa", explicó el internacional alemán Andre Schürrle. "Increíble lo que pasó ayer", añadió Mats Hummels.

Los futbolistas franceses no pasaron toda la noche encerrados. Pudieron salir del estadio cerca de las tres de la madrugada en dirección a las instalaciones de Clairefontaine, donde se concentra la selección "bleu".

La Federación Francesa de Futbol (FFF) canceló todos los actos públicos que tenía previstos para hoy, un encuentro con aficionados, una rueda de prensa y un entrenamiento a puerta abierta, mientras su estrella Antoine Griezmann aún se recuperaba del susto.

"Gracias a Dios mi hermana ha podido salir del Bataclan. Todas mis oraciones van para las víctimas y sus familiares", escribió Griezmann en su perfil de Twitter con la etiqueta "ViveLaFrance". En la sala de conciertos Bataclan murieron decenas de personas.

Mientras la Policía abatía a algunos de los terroristas, miles de personas permanecían sobre el césped del estadio del norte de París por motivos de seguridad. Cuando pudieron abandonar el reciento, lo hicieron entonando el himno francés, la marsellesa.

La Federación Alemana de Futbol (DFB), sin embargo, decidió que la "Nationalmannschaft" permaneciera en la seguridad de las instalaciones del estadio francés tras los atentados terroristas.

El equipo tenía previsto volver a Alemania el domingo a mediodía, en un vuelo que debía aterrizar Hanóver. Pero tras los ataques se adelantó el regreso.

Solo se notó verdadero alivio general en el avión cuando los jugadores aterrizaron, hacia las diez de la mañana, en el aeropuerto internacional de Fráncfort.

La fuerte impresión de los atentados y la sensación de amenaza pesaban, pero por fin podían verse como algo pasado.

"Cuantas más informaciones, cuantas más llamadas desde Alemania y cuantos más mensajes recibían los jugadores, más se hacía evidente lo afectados que estaban los jugadores", dijo hoy el mánager del equipo, Oliver Bierhoff. "Por eso hemos decidido darles días libres, mandarlos a casa, para que puedan respirar y ver a sus seres queridos; después veremos", añadió Bierhoff.

La experiencia también afectó a los jugadores que ejercen de líderes en los momentos de crisis.

"Fue conmovedor, estábamos conmocionados y muy impresionados; te dabas cuenta de que también los jugadores tenían miedo, porque la información no siempre llegaba tan clara", explicó Bierhoff. Lo más importante, dijo, "era evitar los riesgos".

Al principio se creyó que los jugadores habían salido del estadio por la noche, tras la derrota por 2-0 ante Francia. La decisión de seguir en el Stade de France se tomó a última hora, por razones de seguridad.

"La disciplina demostrada por el equipo, que se quedó en los vestuarios con 60 o 70 personas, me llena de orgullo", dijo hoy el presidente interino de la federación alemana de futbol (DFB), Reinhard Rauball.

Tras la amenaza de bomba, a mediodía del viernes, en el hotel donde se alojaban, así como las explosiones en las proximidades del estadio mientras aún duraba el encuentro, hicieron imposible el regreso al centro de la ciudad. Nadie pensaba ya en el sábado libre que había prometido el seleccionador alemán, Joachim Löw.

"A las 2 y media de la mañana me despertó una llamada" del ministro de Interior, Thomas de Maizière, dijo Rauball. El ministerio se esforzaba en buscarles un avión para la vuelta.

A las nueve de la mañana embarcaron, protegidos por gendarmes franceses armados con fusiles automáticos. Las fuertes medidas de seguridad solo se relajaron cuando el avión había despegado.

"Todos teníamos ganas de jugar en el Stade de France, de tener una gran noche de futbol, pero se acabó convirtiendo en una pesadilla", señaló la DFB en un comunicado publicado tras el aterrizaje en Fráncfort.