Crónica de viajero: La batalla de las Hamacas (Día 5)

El barco es un encuentro de nacionalidades, humores, idiomas. En el Amazonas la vida no es tan sabrosa

Brasil

A las nueve de la mañana el muelle era un hervidero de gente. Una fila interminable de pasajeros y montañas de carga se aplastaban contra la entrada del barco. Una señora cargaba su bebe y con el otro brazo arrastraba cuatro cajas de frutas. Detrás, dos hombres empujaban un motor diesel y se enojaban por lo pesado que estaba.

En el medio, jajá, ahí estaba lo raro la jornada. Cincuenta aficionados combinaban colores mundialistas con una excitación total. Imposible no percibir su aspecto ajeno al contexto. Rubios y enrojecidos por un sol amazónico que no los perdonó. Y obvio, también estaba la avanzada latina con su griterío característico. Costeños, rolos y paisas formaban el mosaico colombiano que demostraba que los cafeteros están muy ilusionados por el mundial

"No, ahí está mi hamaca, ponte en otro lado", fue la primera batalla que librar adentro. Dos cubiertas de doscientos metros cuadrados debía alcanzar para la masa humana que se abalanzó sobre ella. Nada más importante que tener donde dormir y por eso el espacio significaba todo.

Ocho caños longitudinales marcaban los puntos para anudar las cuerdas. Y de allí en más, pues...sobrevive y hazte valer. Cada medio metro colocamos las hamacas luego de cíclicas discusiones de treinta segundos ¿Por qué? Imaginen una al lado de la otra y que luego de ubicarlas vuelve a llegar el doble de gente para pedir su espacio. El resultado entrega un sinfín de hamacas superpuestas que nos obligaba a dormir chocando nuestros pies o cabezas.

Pero así es el entorno del recorrido amazónico. Quienes estaban acostumbrados lo sabían y no se quejaban. Ubicaban su espacio y se acostaban. Silenciosos y relajados, observaban como los foráneos chocaban entre sí por un estilo de viaje que los sorprendía.

Porque claro, el trayecto era larguísimo. Más de mil quinientos kilómetros por el Amazonas a ritmo de veinte por hora. Cada margen entregaba la misma postal y las posibilidades de observar una cabaña eran mínimas. Agua y selva. Naturaleza en estado puro durante cuatro días para demostrar que este Amazonas estaba realmente virgen.

"El motor es de quinientos caballos, sí, es un sólo", me respondió muy parco el comandante. Mi duda se relacionaba con el ruido ensordecedor que nunca descansaba. Estaba harto que mis oídos zumbasen por el tronido que hacían. Como llegamos últimos (por quedarnos grabando) nuestras hamacas estaban ubicadas en el peor lugar. A diez metros de la hélice y los baños. Si estuviésemos en el piso de arriba quizás se suavizaba el combo, pero aquí abajo !Rrr! ¡Rrr!

¡Insoportable!

Ah, les mencionaba lo 'parco' del comandante. Y creo que lo minimizo. Que mal humor se cargan estos brasileros. No saludan y nunca te hablan. Quieres saber algo y te mandan con otra persona.

Ustedes me dirán que son 'hombres de río'. Okey. Pero les aseguro que no son receptivos. Si los colombianos son la exageración de la amabilidad ellos son lo opuesto.

Otra cosa que aprendes se relaciona con la seguridad. ¿Se preguntaron donde guardamos nuestras maletas? En ninguna parte porque no hay lugar. Bajo nuestra hamaca se amontonan las mochilas y bolsos. Computadoras, cámaras y dinero conviven en el piso con nuestro sexto sentido a máxima potencia.

¿Cómo le hago? Cuando duermo tengo el dinero y e identificaciones conmigo. Me acuesto vestido

y con el bolso de cámaras abrazado. Después, y...rézale a tu virgencita; cada madrugada promedia dos puertos nuevos y el ciclo de embarque (cajas y gente) se repite. Si estabas tranquilo en tu lugar la pesadilla vuelve a empezar. Familias que triplican las hamacas y comerciantes que pasan a milímetros de tus pertenencias te obligan a ponerte de pie. Sí te quedas dormido, perdiste.

Siempre debes estar pendiente y eso te agotará hasta el extremo.

El Amazona es así y punto. Agotador desde todos los aspectos y reflejo del Brasil más brusco. Aquí el mundial no se siente; no al menos desde el lado anfitrión ¿Qué ocurrirá cuando lleguemos a Manaos? No lo se pero mi incertidumbre es total. Confiaré en el espíritu extranjero que este barco carga y su significado proyectado en cientos de miles de visitantes que llegarán por aire y tierra.