Dos estados de ánimo

Barcelona recibe al Real Madrid en el Camp Nou. Los catalanes llegan en mejor momento emocional y futbolístico; los blancos buscarán recuperar sus sensaciones óptimas

Barcelona y Real Madrid se medirán en otra edición del clásico español
Barcelona y Real Madrid se medirán en otra edición del clásico español (Especial )

BARCELONA, España

Barcelona, España. Barcelona, territorio incómodo para Real Madrid. No es común que este equipo pase la noche aquí. Sin embargo, duerme y amanece a unas cuadras del Camp Nou. Ancelotti decidió que sus jugadores pasaran las últimas horas previas al Clásico cerca del rival. En su casa. Como visitante. Un visitante ilustre, probablemente, el más común en la ciudad.

De alguna forma el Madrid es un invasor. Se nota su presencia entre los vecinos. La gente se asoma por las ventanas, espía, cierra las cortinas y murmura: cuidado que está el Madrid entre nosotros. El partido empieza allí, a la hora del desayuno. Con absoluta naturalidad, el campeón de Europa se estira, bebe jugo de naranja, se come dos tostadas, un café y un yogurt en el centro del universo. Cuatrocientos millones de personas lo verán jugar. Real Madrid asume el papel de retador.

A estas horas del día no le asusta nada. Ochocientos aficionados lo recibieron y en medio de un importante despliegue de seguridad caminó por Barcelona. Hasta aquí la previa motivacional, donde el Madrid lleva ventaja porque sale como víctima, pero —en ese papel— es un cuadro peligroso. No hay sorpresas, los once futbolistas que alinean dentro de unas horas son: Casillas, Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo, Kroos, Modric, Isco, Bale, Benzema y Cristiano. Un planteamiento partisano el de Ancelotti, dispuesto a morir con su idea.

El italiano tiene un equipo en la cabeza y nadie se lo va a sacar de allí. Recuperó a Ramos, su centurión, y a Modric, su conciencia. Con ellos el Madrid es diferente, gana personalidad y tiene palabra en medio campo. Debemos confiar en él mientras Messi no decida lo contrario. Si hay un momento del Clásico que puede cambiarlo todo es ese minuto en donde el crack arranca, frena, engaña. Levanta la cara, olfatea, amaga. Y con ese perfil ambidiestro, decide si pasa por la izquierda o conduce por la derecha. Contra eso no hay defensa.

Lo que piensa Messi no lo imagina nadie. Ni Luis Enrique, que le acompaña con Iniesta y nueve más: Bravo, Alba, Alves, Piqué, Mathieu, Mascherano, Rakitic, Luis Suárez y Neymar. Falta Busquets, un tipo determinante, porque el Barça necesita un faro contra equipos de jugadores grandes y al Madrid le sobran futbolistas XL.

Busquets es el sentido común de Piqué, el péndulo de los laterales y la garantía de Iniesta y Rakitic. Hemos sobrevalorado toda la semana la ausencia de Busquets, tanto, que el técnico va a esperarlo hasta el último minuto. No hay mucho que agregar, podemos leer las alineaciones, sumar las estadísticas y repasar las últimas noticias, pero nada de esto nos va a ayudar a predecir el juego.

Porque cuando Barça y Madrid salen al campo, el futbol siempre encuentra una historia nueva que contar. De los tres resultados posibles que tiene el partido, hay uno, quizá el menos probable, que dejaría sentenciada la Liga. Al Madrid le sirve un empate, también al Barça considerando el rival y el momento del año. Una derrota del Madrid sería normal, entendible. Pero una victoria del Barça jugando mejor, mucho mejor, —como contra el Manchester City—, aún ganando por un solo gol, para este Madrid sería mortal. No está en juego el título, en este partido se arriesgan muchas cosas más.