¿Por qué Alemania iba a ser más honesto que otros países?

Dos prestigiosos filósofos alemanes se confrontan con las preguntas que todos los ciudadanos se hacen en una nación que en unos meses pasó de presentarse como un referente moral a entonar el mea culpa.

Alemania fue sede del Mundial 2006
Alemania fue sede del Mundial 2006 (DPA )

BERLÍN, Alemania

El escándalo en torno al Mundial de fútbol de Alemania 2006, bajo sospecha de haber sido comprado con sobornos, ha dañado la imagen del país, que se pregunta si debe seguir recordando con orgullo un mes que contribuyó a una transformación social.

Dos prestigiosos filósofos alemanes se confrontan con las preguntas que todos los ciudadanos se hacen en una nación que en unos meses pasó de presentarse como un referente moral a entonar el mea culpa.

Bajo el lema "el mundo entre amigos", Alemania aprovechó el Mundial de 2006 para proyectar al exterior una imagen de país plural, abierto y desenfadado, muy alejada del estereotipo que acompañaba al pueblo germano desde la Segunda Guerra Mundial.

Los ciudadanos recuperaron así el orgullo por los colores negro, rojo y oro de su bandera, que ondeó sin complejos durante un mes que, alumbrado además por una soleada meteorología, pasó a la historia alemana como el "cuento de hadas de verano".

Casi diez años después, las sospechas sobre manejos turbios de dinero por parte de la candidatura alemana arrojan la pregunta de si Alemania se compró aquellos cuentos de 2006 de forma fraudulenta. ¿Queda ahora sólo un mal sabor de boca de aquel glorioso verano de fútbol?

Los filósofos Michael Quante y Richard David Precht creen que, pese a las sospechas de corrupción, el buen recuerdo debe permanecer. "Aquello fue una especie de experiencia personal, una auténtica evolución en nuestra mentalidad", dice el profesor Quante, titular de Filosofía Práctica en la Universidad de Münster.

Entonces, advierte, ningún fan sabía que el Mundial había llegado a Alemania probablemente por caminos incorrectos.

"Deberíamos seguir alegrándonos de aquello, de haber aprendido algo sobre nosotros mismos a través de ese acontecimiento y de habernos mostrado al mundo", añade Quante, aunque admite que la "alegría no es ya perfecta".

Como fan uno se siente "algo engañado", agrega el filósofo. "Pero la veracidad de los sentimientos de entonces no se ponen en duda".

Su colega Precht coincide en que "el cuento de hadas no se rompe al conocerse que presuntamente fue comprado". Ninguno de los dos quiere, no obstante, justificar un posible soborno.

"No lo disculpo moralmente, eso está claro", señala Precht, autor de éxito en Alemania. "El país debería quizá haber tenido que renunciar a tener aquel cuento de hadas por razones morales".

El caso del Mundial de 2006, el escándalo de las emisiones contaminantes manipuladas por el gigante automovilístico Volkswagen, las acusaciones de plagio a políticos de alto nivel y un buen número de escándalos en el Deutsche Bank amenazan con arañar la buena imagen de la nación más potente de Europa.

"¿Por qué Alemania iba a ser más honesto que otros países del mundo?", se pregunta Precht. "No deberíamos hacer como si nosotros viviéramos en una cultura de completa honestidad. Pero eso tampoco lo piensa nadie".

Por otra parte, Alemania recibe actualmente a cientos de miles de refugiados, fiel al lema del Mundial de 2006 que hablaba de un país hospitalario. Eso también contribuiría a la imagen de una nación abierta, aunque los filósofos aún no tienen claro del todo si será así.

"Por supuesto, las manifestaciones de nacionalistas dañan la reputación de Alemania y reviven recuerdos amargos", advierte Quante. "Pero la solidaridad con los refugiados sobre el terreno corrige esto".

Para Precht todavía no está definida la imagen que Alemania dejará en el mundo con el tema de los refugiados. "Que este asunto nos vaya hacer en general más tolerantes es algo que está al 50-50", opina, ya que también puede suceder que los opositores se radicalicen.

"Siempre hablamos como si fuéramos una Alemania uniforme", agrega Quante. "Pero en realidad con una nación pasa como con las personas. Tomemos como ejemplo a nuestros vecinos. Estos pueden ser en algunos aspectos amables, pero en otros de nuevo personas no tan afables".